
Me decía el otro día
Cari que hace unos años pensaba que si le entraba el instinto maternal demasiado tarde, siempre podría adoptar, pero que últimamente ha ido bajando el listón y que ahora como mucho tendría un crío -ese es el término que suele utilizar, que a mí me suena un poco desapegado- en acogida, un
añito o así y fuera.
"Si se criaran en tres años sí que tendría un hijo biológico... ¡y varios!" Vale. Al menos mientras se mantenga dentro del género humano y no se pase a acoger cachorros para la ONCE, que es lo que creía que me iba a decir, aún hay esperanza.
Yo por mi parte, ya tengo un hurón.

El caso es que hace no mucho me sorprendía que ninguno de mis amigos se hubiera animado a traer una criatura al mundo, pero en el último año parece que todos los que habían estado
postergándolo han pensado que ya no podían
postergarlo más, y en estos momentos tres de ellos están embarazados. Yo me alegro
infinitamente, porque todos están muy contentos, y seguro que van a ser unos papás maravillosos.
Las imágenes que acompañan esta entrada son esculturas de Ron Mueck, un escultor australiano. Si os gustan, meted el nombre en Google y vais a alucinar. De hecho hay otra foto de la escultura de la mamá con el bebé, tomada desde un ángulo más "revelador", que es impresionante.
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