jueves, 31 de diciembre de 2009

Memoria histórica

Ya que nos ponemos a felicitar el año nuevo... ¡¡¡hagámoslo con clase!!!, como Dios manda.

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Y con este entrañable vídeo alcanzo la meta de las 84 entradas en 2009 ¡Gracias, Karlos*!

martes, 29 de diciembre de 2009

Mi jardín de agua

Mi madre me inculcó desde pequeñita el gusto por los regalos sencillos; cuando íbamos de acampada o de excursión, nos solía decir “Tráeme alguna cosita del campo; una piedra bonita, una castaña …” -Luego cuando metía yo la mano en el bolsillo de su abrigo para sisarle algo de calderilla, en vez de unas monedas me encontraba alguna dichosa castañita; decía la llevaba ahí porque le gustaba ir sobándola.

Cari comparte conmigo ese gusto por los regalos “simbólicos”, y la mayoría de las veces que se va a viajar mundo, me trae ese tipo de cositas; arena negra de una playa de Japón, un trozo de madera de Noruega (Norwegian wood; es que es chisposa ella) un trocito de roca volcánica… A veces también me trae alguna cosilla comprada, pero generalmente son cosas sencillas y baratitas.

Uno de sus regalos comprados que más me ha gustado es un "jardín de agua", que viene hasta con su librito que habla sobre el simbolismo del agua y cómo contribuye a crear un lugar de paz -en plan rollito zen- y al final, las instrucciones de uso del susodicho "mini water garden". Desafortunadamente ni ella ni yo recordamos de dónde me lo trajo.

En el reverso de la cajita en la que viene, explica:
¿Estás estresado? Con el “jardín de agua” (nuevo y mejorado) puedes disfrutar el sonido relajante del borboteo del agua cuando más lo necesites. Este kit de bolsillo incluye un “jardín de agua” con una bomba de mano, cuenco, piedras, instrucciones, y un libro de 32 páginas con una introducción a la historia y espiritualidad de los jardines de agua.

Cuando estés en casa, en el trabajo o en la carretera, el “jardín de agua” te proporcionará una agradable sensación de paz mental.
Ahora que ya os habréis hecho una idea de cómo será este objeto de mi admiración, os muestro el vídeo para que lo veáis en espectacular funcionamiento. Y la opinión de Flecha al respecto.

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domingo, 27 de diciembre de 2009

Ampliando el guión

Hace ya un par de meses, en una de las llamadas de mi vecino Jorge, y tras su lista habitual de preguntas “¿Qué tal tus padres? ¿Qué tal el yoga? Y… ¿Cómo se llama el animalillo? Ah, eso; Flecha. ¿Qué tal Flecha…?” parece que decidió innovar, y me soltó un “Oye, toses mucho” Claro, me dejó un poco perpleja, sin saber muy bien qué decir, e improvisé un: “Esto… ¿Qué pasa, que me oyes por el patio?..." No contestó a mi pregunta, y me recomendó “Inistol” -“Es lo que yo tomo”

A los pocos días sonó el teléfono en casa y al contestarlo oí su voz “Hola Laura, ¿Qué tal estás?” Me sorprendió que fuera él, porque habitualmente suele dejar pasar más tiempo entre llamada y llamada. En seguida entendí el motivo: “Oye, ¿no te molestaría que te dijera lo de que toses mucho?” El pobre seguro que llevaba todo ese tiempo torturándose, diciéndose: “¿Por qué le tuve que decir lo de que tose mucho? ¡Es que soy tonto!” Yo por otro lado, cada vez que tosía en mi casa o bajando las escaleras, barruntaba “¿Ahora me estará oyendo toser? ¿Será verdad que toso mucho?”

El día de nochebuena llamaron a mi puerta. Al abrir me encontré a Jorge, ¡en bata! ¿Por qué llama a mi puerta en bata? Una bata de cuadros, de tonos marrón oscuro, envolviendo su prominente estómago. Y por supuesto, zapatillas de andar por casa de abuelo. Tenía un aspecto sórdido. Sonriendo, y con una mirada esquiva, alargó la mano mostrándome una bolsa de caramelos de eucalipto. “Toma, para tu tos” “Hombre Jorge, qué detalle. Muchas gracias; no tenías que haberte molestado” “Bueno mujer…” Y pasó a su guión habitual. Cuando hubo acabado su pequeño interrogatorio, pasé yo a mi parte del guión “¿Y tú qué tal?” "Ahí, tirando… ¡Mira, me he dejado barba!” dijo acariciándose la cara casi con orgullo". “Sí, ya lo veo. Pareces Papá Noel (con una resaca mortal)”

El caso es que parece que ha decidido añadir el tema de mi tos a su lista de temas que tratar conmigo. Seguro que la próxima vez que me llame me preguntará qué tal me han sentado los caramelos. Hay que joderse.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La navidad es...

Gana "La navidad es amor" por goleada. Pero la más cachonda y sorprendente es, sin lugar a dudas, que la navidad es ¡nada menos que satánica!

La navidad es poliédrica, eso al menos está claro...

¡Vamos a por los 84 posts en 2009! XD

lunes, 21 de diciembre de 2009

Rescatadas 12

Chiste de Cari: ¿Qué tienen en común un elefante y la calefacción?








Lefa.

Q-Mira qué ojos tan bonitos tiene esa chica.
K-Sí, dan ganas de comerle el coño.

Una relación estable es el precio que hay que pagar por desearla tanto. -Robert Sapolsky, catedrático neural.

O sea; que os enamorasteis y tendréis perdices. –Ray

Mi madre a mi hermano, cuando él iba a que le pagaran el finiquito de su último curro: ¡Hala Dani; que te den mucho!
Hubo que explicarle la explosión de carcajadas que desató.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Abrazos magistrales

Con un abrazo se transmite afecto, calidez, confianza, amor... Es bonito ver a dos hombres saludándose con un abrazo, palmadas en la espalda, mostrando camaradería. O a dos mujeres, despidiéndose hasta la próxima, frotándose la espalda mutuamente de arriba a abajo: "Venga guapa, nos vemos prontito. Te llamo". O abrazos entre un hombre y una mujer en un reencuentro largamente esperado, o de una madre y su hijo pequeño, el niño aferrándose a ella con brazos y piernas. ¡O abrazos a árboles!... Hay miles de formas de abrazar, y todas despiertan sentimientos muy agradables.

Pero hay abrazos magistrales, que conmueven cada célula de tu cuerpo. Abrazos que sólo quienes se están abrazando pueden saber lo que está realmente sucediendo.

La primera vez que conocí este tipo de abrazo fue hace pocos años, con un amigo-rollo. Me dejó perpleja, desconcertada, porque no sabía que se pudiera sentir eso al abrazar a alguien. Pensé que él debía de tener algo especial, que tenía algún secreto que le capacitaba para hacer algo así; algo que parecía casi mágico. Después de aquel abrazo escribí en mi cuaderno:
"(...)Sé que si intentara describir cómo fue parecería que estoy exagerando, porque intentar describirlo es describir lo casi inconcebible. Y no exagero; es literal. Porque hay veces que el sexo no es tan intenso como ese abrazo. Muchas veces. Porque fue de una intensidad como de primeros besos de adolescentes, multiplicado por cien. Todo el rato igual de intenso, de principio a fin. De hecho no sé qué nos pudo hacer separarnos."
Desde entonces, para mi gran fortuna, he sentido más veces esa sensación de fusión tan íntima, casi sobrenatural -no sólo con parejas, también con amigos o amigas. Son abrazos en los que te entregas completamente; sientes que se te abre el pecho y se funde con el otro, y se crea una especie de bola de energía orgásmica; como un orgasmo del corazón.

Y el abrazo dura, y dura... y cuando llevas un tiempo abrazando así, transportada a otra realidad, piensas que tienes que soltar porque en algún momento tienes que acabar, y aflojas un poco los brazos, pero no puedes dejarlo, y aprietas un rato más, y sientes como la otra persona hace lo mismo.

Cuando acabas, te quedas con una sensación de agotamiento placentero; una plenitud enormemente gozosa.

"En un súbito impulso se abrazaron, se abrazaron, se abrazaron. Metiendo cada uno en su pecho el del otro hasta besarse con los corazones. Se sintieron latir, se soltaron y, sin más palabras, el viejo subió al coche. Las dos miradas se abrazaron aún, a través del cristal, mientras Renato arrancaba." La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Felicidad sintética

Llevo como un mes con Internet en casa. Hasta ahora usaba la conexión de un generoso vecino anónimo que dejaba su línea abierta, pero claro, me limitaba a leer mi correo, googlear y bloggear; nada de vídeos, pelis, música etc, porque la conexión no daba para más. Ahora me doy cuenta de que vivía anclada en el pasado en lo que respecta a las posibilidades que ofrece la red; tener mi propia línea ha abierto un nuevo mundo virtual ante mis ojos.

Uno de mis descubrimientos son los “TED talks”, vídeos de conferencias muy concisas (entre veinte, veinticinco minutos) y con mucha miga, sobre los más diversos temas: ciencias, asuntos globales, tecnología y desarrollo, entretenimiento... Estoy enganchada. Hace como una semana vi uno muy interesante que me ha dejado reflexionando: ¿Por qué somos felices?

A los dos minutos de la charla, el psicólogo Dan Gilbert plantea la siguiente pregunta; ¿Qué crees que te haría más feliz; ganar la lotería o convertirte en parapléjico? (Déjame pensar…) Está claro que la pregunta no podía tener una respuesta evidente, si no a qué formularla. Efectivamente los datos revelan que no existen diferencias significativas en las medidas de felicidad entre las personas que han ganado la lotería y las que han perdido la movilidad de sus piernas, un año después de pasar por estos acontecimientos tan diametralmente opuestos.

Los datos están ahí, pero es muy difícil no resistirse a creerlo. Gilbert dice que las personas tenemos un sesgo de impacto que nos hace creer que sucesos muy buenos o muy malos tendrán mayor trascendencia en nuestra vida de lo que luego resultan tener. Yo recuerdo cuando en la universidad estaba en época de exámenes, y llevaba dos, tres meses estudiando todos los días nosecuántas horas, acostándome a las tantas para luego levantarme temprano y seguir estudiando, sin salir –mucho- los fines de semana, y pensaba “Qué maravilla cuando acabe esto, no me lo voy a creer” Pero cuando por fin acababa, el éxtasis que había anticipado no aparecía por ningún lado, por más que me esforzara en convocarlo. Y me quedaba con una sensación de… estafa, como diciendo “¿y dónde está toda esa felicidad que me corresponde? ¡Venga, tengo que estar pletórica; soy libre!…”. Ni siquiera cuando acabé la carrera me sentí tan extasiada como anticipaba.

El lado positivo es que también los acontecimientos negativos tienen menos impacto de lo que anticipamos, gracias a un sistema inmunológico psicológico que, según Gilbert, nos ayuda a cambiar nuestra perspectiva del mundo para poder sentirnos mejor en él, y así nos creamos una felicidad a medida, una felicidad sintética. Es lo que nos sucede cuando razonamos que quizás fue para mejor que se acabara nuestra relación con aquella pareja con quien creíamos que íbamos a compartir el resto de nuestra vida, quizás tener hijos, envejecer juntos… Vale que lo pasamos fatal al principio, pero en realidad no nos convenía, y seguramente nunca hubiéramos podido ser felices a su lado.

Pero todos consideramos la “felicidad sintética” de calidad inferior a la felicidad “natural”, y pensamos con cinismo; “Si claro; no teníais tanto en común, y te diste cuenta justo cuando te largó.” No queremos creer que no conseguir lo que queremos nos puede hacer tan felices como conseguirlo, pero parece que así son las cosas.

En una última vuelta de tuerca, Gilbert explica y demuestra de manera elegante e irrebatible cómo no sólo este sistema inmunológico que sintetiza felicidad funciona a las mil maravillas, y no existe diferencia alguna entre la “felicidad natural” y la “felicidad sintética”, sino que además funciona mejor cuando estamos “atrapados” en una situación, cuando no podemos cambiarla. Cuando tenemos opciones nuestra mente se debate, se cuestiona todo, buscando pros y contras: “¿Es este trabajo bueno para mí? ¿No sería mejor este otro; más estimulante? Claro, pero en este, aunque sea anodino, el horario no está mal, y ese otro… vale, bien remunerado pero tendría un horario esclavizante…” Y entonces dudamos, y la duda crea infelicidad.

Es muy duro dar crédito a esto, porque prácticamente significa que la libertad pone trabas a nuestra felicidad. Y supongo que la razón por la que me he quedado colgada de esta charla, es que justamente estoy pasando por un periodo de “revisión”, de cuestionarme algunos aspectos de mi vida, de plantearme alternativas… y me jode soberanamente pensar que quizás, creyendo que estoy trabajando por mi felicidad, podría estar de hecho saboteándola.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Veneficio por ufo

Cuando me topé con la palabra “oximoron” y comencé mi investigación sobre ella, googleando llegué a un blog, “La llave del mundo”, en el que explicaban la palabra. El caso es que el blog este resultó ser un pequeño descubrimiento, porque lo que hacen es presentar una palabra al día; palabras que bien por su etimología, por su significado etc. resultan interesantes. Por supuesto, en cero coma lo estaba metiendo en mi lista de blogs -el “correo de entrada bloggero”, y así es, de hecho, como “veneficio” llegó a mí.

Hace un par de semanas vi que tenían una sección en la que puedes mandarles tu “palabra especial” para que la publiquen (y así de paso darles el trabajo hecho, bandidos...) Como me sentía en deuda con ellos por haberme obsequiado con una palabra tan buena y además haberme inspirado un post, decidí devolverles el favor y compartir con ellos una de mis favoritas; “ufo”. Pocas horas después de mandársela me llegó un correo de agradecimiento en que “me daban fecha” para el 12 de diciembre.

Hoy es el día y esto es lo que han hecho con mi palabreja.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Buen tiempo en otoño

-¿Sabes qué tiempo va a hacer este puente?
-Sí, dicen que va a hacer bueno...

Y lo hizo. Un tiempo otoñal precioso. Frío, pero no mucho; con una niebla que cubría las montañas con un manto casi mágico, y una llovizna tan fina que era difícil asegurar si estaba lloviendo. ¿Quién podría decir que eso no es buen tiempo?