jueves 2 de febrero de 2012

Verduras con personalidad

Comprar al menos la fruta y verdura en una tienda de barrio en vez de en el super, venciendo mi inercia y mi pereza; ese fue uno de mis propósitos para este año. Un pequeño gesto para que mi dinero vaya directamente a los pequeños comerciantes; un pequeño gesto que me reunió el jueves pasado con un encantador aguacate y su simpática deformidad congénita.

Sabéis quienes me leéis de mi bienquerencia por frutas y verduras con peculiaridades de diseño; han pasado ya por Cotidianas El Pepino feo, Mr. Tomato el tomate camaleónico... y también hubiera hecho un pequeño homenaje en forma de post a Berenjena nariguda, de no haber sido porque la cazuela la reclamó antes de que las musas acudieran a inspirarme para completarlo satisfactoriamente. Como nunca es tarde, Berenjenita; aquí tienes tu pequeño acto de memoria -DEP.


Al día siguiente de adoptar al aguacate deforme, y como temía que pudiera sufrir el mismo triste destino de Berenjena nariguda y pasar al oscuro agujero del olvido sin pena ni gloria, me puse rauda manos a la obra. En primer lugar, la foto del "antes"; el aguacate y su pequeña deformidad al desnudo:

Luego abrí el “cajón de los ojos”, y…

...¡Nació Aguacato!

(Continuará)

viernes 27 de enero de 2012

Mi barrio habla

Mi barrio habla; habla a través de sus paredes, habla a través de pancartas y carteles colgados de sus balcones.

A veces filosofa,   


a veces expresa su humor,

a veces se pone poético,

a veces reivindica,




a veces expresa su rabia...

Y siempre defiende su derecho a la alegría.

miércoles 25 de enero de 2012

Juego de guantes -segunda parte.

Hace ya casi dos meses que recogí aquel primer guante, emprendiendo así mi fascinante investigación; ¿Cuántos guantes podría encontrar tirados en la calle, extraviados por su atolondrado propietario, a lo largo de la temporada otoño-invierno?

Muchas fueron las incógnitas relacionadas que me surgieron en su momento, y que desde entonces van resolviéndose. Aunque mi proyecto aún está a medio camino, os dejo con las respuestas con que cuento a día de hoy:


¿Qué colores me encontraré? ¿Serán negros en su mayoría?
En una gran proporción, los guantes hallados hasta ahora han sido efectivamente negros; de dieciocho en total, la mitad lo son. Tres azul marino, tres grises, dos marrones y uno -el primero- aguamarina.

¿De qué materiales? ¿Alguno de cuero, por ejemplo?
De hecho sí, ha habido tres guantes de cuero, y uno mitad cuero y mitad punto. Tres de forro polar, uno de un material indefinible (¿isotoner?) y el resto –diez y medio, digamos- de punto.

¿Encontraré alguno de niño pequeño?
Por el momento no; parece que las mamás están pendientes de sus retoños a tope -¡seguid así, campeonas!

¿Alguna manopla, quizás?
Nop

¿Algún mitón?
Tampoco –por ahora.

¿Serán mayoritariamente guantes derechos o izquierdos?
Ahí el tema no podía estar más igualado –literalmente; Ocho derechos, ocho izquierdos, y dos ambidiestros.

¿Encontraré tal vez dos guantes solitarios que puedan formar una pareja funcional?
A pesar de que hasta ahora no he encontrado dos guantes que haya podido a posteriori emparejar satisfactoriamente, sí que he encontrado tres pares que se habían extraviado juntos. ¡Uno de ellos de Tommy Hilfiger! (se venden).


Como anécdota de estos primeros meses, permitidme compartir con vosotros el sentimiento de culpa que en un par de ocasiones me he llevado junto con el guante recogido, ya que un alma filantrópica lo había depositado cuidadosamente en un lugar visible para facilitar que su dueño lo recuperara de pasar de nuevo por allí, y me lo llevé yo. En ambas ocasiones eran, además, guantes bastante chulos... pero qué iba a hacer, me debo a mi proyecto... no supe resistirme.


A los hermanos gemelos de estos guantes, separados ya para siempre de su especular imagen, pido mis más sinceras disculpas por ser yo quien en última instancia imposibilitó el feliz reencuentro; espero que ellos y sus progenitores sepan comprender y perdonar.

miércoles 18 de enero de 2012

¡Manda pezones!

No es que entienda muy bien ese afán de ocultar los pezones que parece imperar hoy en día, evitando a toda costa se marquen a través de la ropa -bien con sujetadores acolchados o más directamente con artilugios tan ortopédicos como unos tapapezones de silicona que no hace mucho vi en women'secret- pero ya lo había asumido; marcar pezón es de mal gusto y las niñas buenas no lo hacen. 

Por eso no daba crédito cuando el domingo pasado, paseando por El Rastro vi la siguiente imagen en un puesto de “la plaza de los gitanos” ¿¿Comorrr?? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿¿No habíamos quedado en que había que disimularlos?? 


En fin; está claro que el mundo de la moda nunca dejará de anonadarme.

lunes 16 de enero de 2012

Un compañero calentito y aromático

(continuación del post No lo tiro, no lo tires

Sabéis quienes me conocéis que a la hora de elaborar un trabajo manual no suelo conformarme con la mera funcionalidad, sino que hay dos cosas que me pirran; el reciclaje y el diseño curiosón. Así que estaba claro que mi saquito térmico no iba a tener la clásica forma rectangular sin más ni más; eso quedó más que descartado desde el principio. Lo que no sospechaba ni yo misma era que acabaría tan contenta con el resultado final.

Pero vayamos por partes.

Antes de abordar el diseño de mi super saquito comencé por elegir el material –quería muy preferiblemente algo que ya tuviera en casa, por aquello del reciclaje... y no menos porque quería ponerme manos a la obra YA. En principio eché un vistazo a los retales que guardo de labores pretéritas; viéndolos barajé la posibilidad de utilizar peluche de cebra o vaca... pero aún tengo en el salón los cojines de estos materiales que me hice hará un año y no quería redundar. Quizás podría si no utilizar la felpa de unos trapos de cocina que no uso por no combinar bien con los colores de la estancia en cuestión; no era mala idea... pero se veían algo ajados. ¿Quizás alguna camiseta vieja? Mmm, no me acababa de convencer; la tela se me antojaba demasiado fina.

Todo esto lo iba barruntando mientras husmeaba ávida por armarios, cajones, cajoneras… hasta que de repente tuve la solución ante mis ojos; unos pantalones de chándal de corte ya obsoleto, de un cálido color naranja teja que haría las funciones a las mil maravillas. Y para los detalles -ya tenía una idea aproximada del diseño- unos retales tipo fieltro en blanco y teja oscuro.
Un rectángulo, un corazón, un círculo, unas ondas… Después de algunas combinaciones de elementos en las que las piezas parecían no acababar de encajar, di con la conjunción perfecta.

¡Voila! Ya solo era cuestión de coser y cantar -y rellenar.

He de confesar que con el tema del relleno creo que patiné un poco -no todo iba a ser darme pote. Quise añadir un toque de lavanda al delicioso olor dulce y avainillado que tenía la mezcla de semillas primigenia –porque me encanta el olor a lavanda y además tenía un ramito que había cogido hace tiempo y que ya se había secado- pero me temo que la lavanda ha eclipsado completamente los sutiles matices del clavo, canela y demás, para imponerse sin miramientos. En fin, como ya he dicho, me gusta el olor a lavanda, así que una tragedia tampoco es.

Después de unas cuantas horas de entretenida elaboración, os presento satisfecha el resultado final:

Por último, estaba claro que mi pequeño monstruito necesitaba un nombre, qué menos; a ver -pensé- está rellenito de semillas, seeds en inglés… Podría ser Seedy... ¡¡Haaaalaa!! -exclamé sorprendida por del doble significado,* que añadía al nombre una nueva dimensión- ¡¡qué guaaayyy!!  O mejor aún; ¡Seedy Sid**! 

Como véis, Seedy Sid y Flecha han hecho buenas migas.

*seedy adj fam  1.(persona) pachucho, -a  2. (apariencia) desaseado,-a  3. (sitio) cutre, sórdido,-a
** Sid, además de por la pretendida aliteración, por  Sid Vicious -bajo de Sex Pistols- bastante seedy en sí mismo.

Entiendo que explicar el nombre es como explicar un chiste, pero todo sea en aras de la claridad.

sábado 14 de enero de 2012

No lo tiro, no lo tires

Parece que en estos últimos años estoy empezado una nueva tradición; en las vacaciones de navidades doy un repaso a las cosas que tengo en casa que no utilizo y no tiene pinta que vaya a utilizar, y les busco un nuevo hogar. Este año por ejemplo además de devolver un titipuchal de lápices y bolígrafos al gran estuche cósmico, he reubicado un neceser de viaje, una plancha para el pelo, un par de zapatos nuevitos-nuevitos, y una televisión de pantalla plana que me regaló Paul sin cable, el cual me ha sido imposible encontrar (espero Paul que apruebes mi decisión)

¿Que cómo me deshago de estas cosas? A través de una fantástica página de la que ya he hablado por aquí en alguna ocasión, Nolotiro, que pone en contacto a personas con carencias, con personas con excedencias –en este caso yo.

En los años que llevo de usuaria de Nolotiro, lo cierto es que solo he hecho uso de ella para colocar mis corotos, pero este año... algo ha cambiado. Mirando un día por curiosidad lo que la gente regalaba vi que alguien ofrecía unas zapatillas de andar por casa térmicas, que según explicaba el anuncio, llevaban unos saquitos en las suelas de esos llenas de semillas que se meten en el microondas y se calientan, y encima huelen requetebién. Llevaba mucho tiempo queriendo hacerme con un saquito térmico de esos, pero básicamente me parecían una estafa por el precio desmesurado que suelen tener, y había pensado averiguar qué semillas llevaban y fabricarme yo misma uno con estas manitas. Tener ya la materia prima me facilitaba mucho las cosas, así que me puse en contacto con la dadora, y el domingo pasado quedé con ella en Tirso de Molina y se realizó la entrega.
Lo cierto es que no estaba segura de si tal y como, de zapatillas, el tema saquito térmico sería de mi agrado, pero al ponérmelas por primera vez se aclararon mis dudas definitivamente y entendí por qué su anterior propietaria había decidido pasarlas a quien le pudieran interesar. Las zapatillas no eran nada cómodas; no solo no se podía andar con ellas puestas, sino que además no se adaptaban nada bien al pie, de modo que decidí desguazarlas inmisericordemente, reutilizar las preciadas semillitas (que básicamente parecían arroz, clavos de olor y lo que podría ser a juzgar por el olor, pequeños pedacitos de vainilla) y fabricarme mi propio home made saquito térmico. 

/continuará.../

jueves 5 de enero de 2012

Últimas rescatadas del 2011

Mucha gente se siente muy confusa cuando una frase no termina como ellos patata. -Anónimo Jocundo.

Mi hermano Manolo le hace la competencia a Cari inventándose chistes. Les falta a los suyos la distinción e indudable glamur de los de Cari, pero hay que reconocerles su mérito igualmente; he aquí una muestra:
Esto son los pollos solteros del corral que le dicen al gallo "Vente, gallo, que esta noche nos vamos de patas!" Y él contesta asustado "No puedo, que me pica la polla"

Interacción entre mi padre y Jara, mi sobrina de 8 años, recién levantada y con los ojos aún pegados:

Mi padre: (...) Venga, que os conozco...
Jara: No nos conoces. Solo conoces una parte de nuestro ying-yang.
Mi padre: wtf?????

Cari "felicitándome" el nuevo año, 2012: ¡Hala; que el año que empieza sea un año entero...!

jueves 29 de diciembre de 2011

La belleza de un cuerpo maduro

Hoy paseándome por internet he dado con una página en la que se hacía una fantástica recopilación de más de cien fotografías del holandés Erwin Olaf. No le conocía, pero me han parecido unas imágenes muy impactantes.

La última serie era de mujeres sexagenarias e incluso septuagenarias con poca (incluso ninguna) ropa, en actitud sexy, y me ha resultado muy interesante; me ha gustado mucho.


Inmediatamente después de ver las fotos, he pasado a leer los comentarios, y he llegado a uno que decía: “Las fotos de "grannies" del final me han traumatizado un poco... por lo demás, bien.” Qué curioso, ¿Cómo puede “traumatizar” ver estas fotos? Supongo que porque en nuestra sociedad suele estarnos vedada la visión de cuerpos “marchitos”; es como si todo lo que no sea lozanía fuera… ¿vergonzoso?

He seguido leyendo los comentarios y he llegado a otro que expresaba un sentimiento muy diferente: “(...)Me gustan mucho todas las series, pero esa y la de las abuelitas sexys (¡guapas!) me han encantado.” Por el nick he visto que quien escribía ese enternecedor comentario era una mujer que las ha mirado con benevolencia; quizás, como yo, poniéndose en la piel de esos cuerpos maduros, pensando que tendrá suerte si a la edad de estas mujeres es capaz de habitarlos con tanta alegría y tanta dignidad.

Y me he acordado de un artículo que leí hace tiempo, en el que una mujer musulmana decía que el burka de las mujeres occidentales es la imposición que sufrimos de ser físicamente perfectas y eternamente jóvenes. Las mujeres musulmanas, explicaba, acostumbran a ir a los hammams o baños árabes desde su infancia; allí se juntan a diario mujeres de todas las edades, de todas las formas, cómodas con su desnudez -porque tienen una concepción de su cuerpo que probablemente desconocemos en nuestra sociedad. Y esta experiencia cotidiana, contaba, hace que vean con naturalidad cómo va a evolucionar su cuerpo a lo largo de los años; igual que la cara, igual que las manos… es ley de vida, y se acepta sin aspavientos.

  El baño turco, Jean Auguste Dominique Ingres
(¿después del fotochop?)

Qué bonito sería y qué sano que nosotras pudiéramos vivirlo un poquito más de esa manera.

viernes 23 de diciembre de 2011

¿Qué utilidad tienen las guías telefónicas?

Un día de la semana pasada, cuando volví del curro me esperaban en mi puerta las guías telefónicas que tan obstinadamente reparte telefónica año tras año. Francamente no entiendo cómo en pleno siglo XXI, cuando una parte considerable de la población tiene internete en casa, pretenden que recurramos a esta manera tan obsoleta de encontrar un mecánico para el coche, un pintor, o el teléfono de un compañero de trabajo.

De hecho al día siguiente del reparto ahí estaban todas las guías en el portal formando una pequeña pila; los vecinos habían ido dejándolas ahí supongo que en la esperanza de que alguien menos vago que ellos las llevara al contenedor de reciclaje de papel -ese alguien fui yo. Está claro que los costes medioambientales de la impresión y distribución de estas guías no están justificados ni remotamente.

Porque a ver, ¿Cuántos de vosotros habéis hecho uso de las páginas amarillas o las páginas blancas en los últimos... cinco, incluso diez años? ¿Veo alguna mano levantada ahí al fondo? ¿Sí? No, no vale usarlas para subirse a ellas y alcanzar el estante más alto. ¿Alguien más? No, ¿verdad? Me lo imaginaba.

Lo cierto es que poca utilidad se les puede encontrar, incluso fuera de aquella para la que han sido fabricadas; Yo este año he hecho un esfuerzo imaginativo y les he dado primero un uso catártico partiéndolas en dos con mis propias manos en un minutito que tenía libre.


Y a continuación nada de echarlas a reciclar que estamos en crisis; las tenemos listas para otro uso, se podría decir escatológico:


Es lo más que las guías telefónicas jamás han dado de sí en mi casa, y no creo que muchos ciudadanos hayan encontrado una salida tan satisfactoria a esta antigualla que por algún motivo se resiste a abandonarnos.

Si tú también eres de los que nos indignamos por este innecesario derroche de recursos, en esta página están recogiendo firmas para que solo reciban las guías las personas que las quieran y vayan a utilizarlas; yo, por supuesto, ya he dejado mi autógrafo.

miércoles 14 de diciembre de 2011

Otoño en Madrid


Estos días las aceras y las calles de Madrid están cubiertas, adornadas por doquier de hojas. Quizás los árboles, sabedores de que al otoño le quedan apenas unos días, se apresuran a dejar caer las últimas que van quedando en sus ramas para comenzar de cero la nueva estación.

O quizás existe una explicación más tristemente prosaica relacionada con los servicios de limpieza de nuestro querido ayuntamiento y sus ubicuos recortes -ya no saben por dónde esquilmarnos.

Sea como fuere, no quería que pasara el otoño sin rendirle mi humilde homenaje con estas bonitas imágenes que recogí la semana pasada en El Retiro.

¡Viva el otoño y sus colores! (¡Viva!)

miércoles 7 de diciembre de 2011

Juego de guantes

Anoche obedecí por fin a mi espíritu curioso y me agaché para recoger el guante aguamarina que yacía inerte sobre la acera.

Llevaba ya muchos inviernos preguntándomelo; ¿cuántos guantes puedo llegar a ver tirados en el suelo en los largos meses que dura el frío, huérfanos para siempre de progenitor y hermano? ¿Serán cinco, ocho, superará acaso la cifra la docena?

De momento, si sigue el ritmo de las últimas 24 horas, la cifra será mucho mayor que esas: apenas una hora después de mi primer guante recogido, encontré un segundo (punto, dedos negros y mano a rayas negras y grises. Guante derecho) Y este mediodía, otro (punto, tinsulate 40 gramos, negro, talla muy grande. Guante izquierdo.)

En menos de 24hs tres guantes; empieza fuerte la cosa.


Ya me estoy preguntando, ¿Qué colores me encontraré? ¿Serán negros en su mayoría? ¿De qué materiales? ¿Alguno de cuero, por ejemplo? ¿Encontraré alguno de niño pequeño? ¿Alguna manopla, quizás? ¿Algún mitón? ¿Serán mayoritariamente guantes derechos o izquierdos? ¿Encontraré tal vez dos guantes solitarios que puedan formar una pareja funcional?

Todo un mundo de posibilidades en vías de definirse, por fin, este invierno.

lunes 5 de diciembre de 2011

Juego de cartas

Hace mucho tiempo, irá ya para diez años, me contó Moe sobre una colega suya de Estados Unidos que de repente empezó a encontrarse cartas -naipes- por la calle constantemente. La tía estaba medio obsesionada con que aquello tenía que significar algo, y acabó de rayarse del todo cuando llegó a encontrarse dos cartas en un mismo día –en sitios distintos, obviamente. Cuando me lo contó Moe, yo en seguida pensé que probablemente si estamos alerta, cualquiera nos podemos “empezar a encontrar” naipes por todas partes, es cuestión de percibirlos conscientemente.

Recuerdo comentarle la historia a Ana poco después de oírla, y hacerle partícipe de mi explicación. “Yo no creo que sea tan fácil encontrarte una carta en la calle –objetó ella- pero encontrarte dos el mismo día… eso ya no me lo creo.” “¿Sabes qué? –le dije- Vamos a probarlo; a ver cuánto tardamos en encontrarnos una carta. La que encuentre una llama a la otra” Efectivamente, no tuvo que pasar mucho tiempo para que una de las dos –no recuerdo ya quién- llamara a la otra para decir que se había encontrado una, y al día siguiente o algo así le tocó a la otra también.


Pero ahí no acaba la historia, porque "la maldición" me pasó a mí, y empecé yo también a encontrarme cartas constantemente, así que decidí ir recogiéndolas, escribiendo con un boli la fecha en la que me las encontraba; podría ser divertido observar si había alguna frecuencia o alguna relación curiosa entre las cartas. Prácticamente todas las semanas me encontraba una o dos. En cierta ocasión lo que me encontré fue una caja de cartas, sin cartas dentro pero con un as de oros en el frente; la cogí, le estampé la fecha y ahí iba guardando las que me iba encontrando.

Aquel verano Ana y yo fuimos a Marruecos de vacaciones. Estando en Asilah me encontré media carta; un seis de bastos. Desde luego que fuera solo media no iba a ser óbice -ni mucho menos- para que la recogiera y la fechara como las demás, y así lo hice. Ese día teníamos planeada una excursión a Tetuán; fue allí, tirada en el suelo del mercado del zoco, donde me encontré otra media carta: Para nuestro infinito asombro, era exactamente la misma carta, un seis de bastos. Al ponerla junto a la otra vimos que era la misma mitad. Os podéis imaginar cómo la flipábamos Ana y yo; sobre todo ella, que no hacía tanto no había podido creerse que fuera posible encontrarse dos naipes en un mismo día.


Aquel “juego de cartas" mío se me pasó un buen día y dejé de encontrarme naipes en mi transitar por el mundo, pero guardé la cajita con mis hallazgos durante varios años. Desafortunadamente hace un par de navidades, en una de las limpiezas intensivas que suelo hacer por el solsticio, me deshice de esa basurilla fechada; ahora me da un poco de rabia no haber guardado al menos aquellas dos mitades del mismo naipe encontradas el mismo día –quién sabe si incluso rasgadas por idénticas manos.

Actualización: Ayer le conté esta historia a JC y me acaba de mandar la foto de esta carta que se ha encontrado hoy.  ¡Cuidado, es contagioso!

jueves 1 de diciembre de 2011

Rescatadas n

Tú has tenido una feminidad muy difícil, esta pobre. Así has salido. –Manolo, mi hermano. Lo decía en serio.

(Sobre Rajoy antes de las elecciones, cuando dijo “Como gobernamos nosotros, perdón, cuando gobernemos…”) “Puede que no lo dijera adrede; habrá sido un guiñapo de esos” –Laura (no yo; otra)

Sí, yo soy todo sensibilidad... desde la punta de la p***a hasta los c*j*nes –JC

De estos tíos babosos que dicen chocho y se les llena la boca de pelos –JC

Diálogo oído ayer por la escalera, entre mis vecinos Jorge y La Francesa -parece que él iba a hacerle la compra:

Jorge: ¿Las sardinas de algún tipo en especial?
La Francesa: Semi-desnatada.


sábado 19 de noviembre de 2011

Jornada de reflexión

El conejito vándalo ha vuelto a las andadas por el barrio con motivo de las elecciones que se celebran pasado mañana, 20N.

Como yo aún no tengo claro del todo a quién votar, y ya que a las doce de la noche de hoy viernes comienza la jornada de reflexión, me voy a la Puerta del Sol a reflexionar en comunidad -a ver qué sacamos en claro.

¡No les votes, pero vota!