lunes, 15 de febrero de 2010

Lección de anatomía

Siempre he sentido cierta debilidad por desafiar a "la autoridad" –o por tocarles un poco las narices, más bien. No necesito hacerlo de manera ostentosa, sino que utilizo métodos inocentes; me niego vehementemente a dejar la mochila en las taquillas del super aduciendo que “es mi bolso” -aunque en realidad el bolso lo llevo dentro- y les dejo perseguirme por los pasillos intentando convencerme de que la deje, mientras yo sigo haciendo mi compra. O meto el billete en el torniquete del metro haciendo que lo estoy escondiendo de la mirada del de seguridad, para que me llame la atención y me haga enseñárselo creyendo que me ha descubierto. Y entonces le enseño el billete y no le pasa nada… Tonterías así. No lo hago mucho, pero cuando lo hago lo disfruto.

Un día del verano pasado Iñaki me propuso una nueva idea: a la salida del metro, cuando hubiera un segurata, saltar los torniquetes como hace la gente cuando se cuela, a ver qué pasaba. La apuesta era que el segurata reaccionaría al salto alarmado, como un pitbull bien entrenado, pero en realidad no tendría nada que reprender y se le cortocircuitaría el cerebro. Me encantó la idea, pero me desanimó que yo no cojo mucho el metro, así que aunque me propuse recordarlo y hacerlo, pensé que probablemente se me olvidaría.

Hoy he cogido el metro para hacer una sustitución de una profe que estaba malita. A la vuelta, a la salida en Puerta de Toledo, había bastante gente pasando por las puertecillas esas magnéticas de la salida, y se había formado una suerte de cola. A veces habilitan uno de los torniquetes de entrada para que se pueda usar también para salir, pero hoy no estaba encendida la flechita verde. Y de repente se me ha ocurrido pasar de todas formas, pero saltándolo. Y he mirado y había segurata. Y me he acordado de aquella propuesta tan buena…

…Y cogiendo impulso he saltado con una sonrisa de satisfacción en los labios, deseando con malicia el comentario del de seguridad; su llamada de atención. Y yo ya estaba preparando mi respuesta; hacerme la tonta y decir algo así como: “¿Eh? Pero… ¿y qué pasa? Si yo no me he colado ni nada, ¿no? Tengo mi billete…

Y lo siguiente que he visto ha sido el suelo a un palmo de mi cara. Los vaqueros no han dado de sí lo suficiente y se me ha enganchado el pie en el torniquete. Y una vez en el suelo, intentando recomponer mi herido orgullo, he oído una voz que decía “¿Señorita, está usted bien?” El segurata. Y yo: “Sí, estoy bien…” con voz seca, sin sonrisa de agradecimiento por su asistencia, claro. Me he levantado y sin mirarle a la cara he seguido andando con gran vergüenza, y he subido las escaleras de dos en dos, para que quien me hubiera visto caerme no sintiera más conmiseración que la justa.

Cuando he llegado a casa me he notado un dolor entre el pecho y la espalda, en el lado derecho. Quizás he descubierto dónde reside el orgullo.

domingo, 14 de febrero de 2010

No hay dos sin tres...

Juro que ya no hay más fotos póstumas ni ná de ná...

martes, 9 de febrero de 2010

Flecha y Rafa

Ya había intentado Flecha hincarle el diente a Rafa en varias ocasiones -hasta que llegó el día en que le dejé hacerlo. En realidad más que hincarle el diente a Rafa, se lo hincó a Rafaela...

video
¡De lo que no cabe la menor duda es de que este tomate ha merecido cada céntimo de los 1.60 € que costó!

jueves, 4 de febrero de 2010

Mr. Tomato

Ayer lo vi en el super, entre los demás tomates raf. Nada más verlo me recordó a aquel pepino feo que rescaté misericordemente allá por el verano. Como ya me sabía desde entonces los argumentos a favor de la adopción compasiva, en seguida me di cuenta de que era un buen candidato.

Pero... si voy a ser sincera del todo, esta vez la compasión no fue el único motivo que me llevó a adoptarlo, sino que se añadieron otras razones; nada más verlo tuve la absoluta certeza que me iba a dar mucho juego.

Y menos mal que mis expectativas se cumplieron -con creces- porque ¡joder con el precio de los tomates! Doscientas sesenta y seis pesetas un sólo tomate; ya puede estar bueno! Aunque después del ratito tan ameno que pasé anoche en su compañía, creo que me va a costar comérmelo.

En fin; que no os entretengo más, y os dejo sin más dilación en la compañía de Rafa, el tomate camaleónico:

Pero a cada tomate le llega su San Martín, y Rafa no iba a ser la excepción, así que, con todo el dolor de mi corazón...
Efectivamente no es sangre; es ketchup. Qué esperabais.

lunes, 1 de febrero de 2010

Taxi vs bici

El 99% de los taxistas da mala fama al resto. Esto lo sé desde que monto en bici por las calles de Madrid.

Estaba esta noche ya llegando a casa del curro. Iba en bici por la calle Casino; una calle estrecha de una sola dirección. Bajando por una perpendicular a la derecha un poco más adelante veo a un taxi que está acercándose a la intersección para incorporarse a mi calle. Yo atenta a ver si paraba o intentaba colarse, porque a veces los conductores de coches parece que dan por supuesto ellos tienen prioridad ante una bici en cualquier circunstancia. Y justo en el momento en que estoy pasando por delante de su morro me doy cuenta de que no; de no va a parar: “¡¡¡¡EHHHHHHH!!!!” Grito entre asustada y cabreada.

El taxista no sé si al oír el grito o al verme por fin, ha frenado. Yo me he llevado un susto gordo, pero he seguido montando, pensando: “Mira; ni me voy a parar a soltarte un par de gritos con sus correspondientes insultos, porque para qué; ya te has tenido tú que dar cuenta de lo que has hecho, ¡valiente gilipollas!” Mientras, tenía al taxi circulando detrás de mí. Al llegar a la esquina con Rivera de Curtidores giro a la derecha y miro hacia atrás con desprecio al capullo del taxista. Entonces el tío baja la ventanilla y me grita con toda su mala hostia: “¡¡¡Ponte las luces!!! … ¡¡¡TONTAAA!!!” ¿¿Cómooo?? Me quedo flipada. Me bajo de la bici y miro la parte trasera: sí, la luz está encendida, roja, parpadeante. El los radios de ambas ruedas llevo unas luces que se activan con el movimiento. La única luz que no llevaba era la de delante… y las guirnaldas del árbol de navidad, que se me ha olvidado ponerlas, ¡No te jode!

Y claro, por más que he intentado no pensar más en ese hijodelagranputa, me ha resultado imposible evitar que se me quedara la mala hostia ahí atragantada, dando vueltas a lo que tenía que haberle dicho, puto pelas, y el rodillazo en los cojones que me hubiera encantado encajarle. Y a la vez pensando que no le podía permitir ganarme en eso; que tenía que olvidarme YA y no dejar que semejante gilipollas me amargara ni un minuto más de mi existencia.

Pero en vez de eso he creído que me iba a resultar más fácil dedicarle un post lleno de inquina, y bueno, eso al menos lo he cumplido.