viernes, 4 de abril de 2008

Rojo amapola

Hoy he llegado a la casa en la que voy a pasar este mes en Madrid. Cuando llegamos mi chica y yo a la dirección que tenía apuntada en la libreta y vi la fachada me dio un pequeño bajón; me habían dicho que la casa estaba guay, pero la primera impresión... ¡mamma mía, qué cosa más fea! Intentando mantener la fe llamé temeroso al telefonillo. No contestaron. “A ver si hay suerte y no es este el portal…” Con los dedos cruzados llamé a la chica del piso al móvil y desafortunadamente sí, era ese, pero como habíamos llegado pronto ella estaba aún de camino; llegaría en unos 15 minutos.

Mientras esperábamos delante del portal, después de asomarnos y ver que por dentro era tan feo como por fuera, tuvimos tiempo de fichar las tiendas de la calle; en frente una grow de la que salía un olor del todo delatador, una tienda de alimentación muy útil para emergencias, y justo al lado una tienda de ropa de segunda mano con una tía siesa en la puerta que nos miraba inquisitiva… y apareció “la casera” subiendo la calle. No la conocía de vista, pero deduje que era ella porque nos miraba a mí y a Cristina sonriente… y mayormente porque llevaba la ropa que me acababa de decir por teléfono.

Besos, unas frases breves y entramos. En un alarde de optimismo Cristina le preguntó si tenía ascensor. Ingenua. Total, que a subir las escaleras con las bolsas, que pesaban lo suyo, y pensando “bueno, a ver dónde me he metido…” Cuando llegamos al tercer piso “la casera” fue a abrir la puerta y que no abría. Ahí los tres en un mínimo descansillo esperando a que abriera, y que nada. “No sé qué pasa, no suele resistirse tanto…” Yo no sabía qué pensar.

Después de un buen rato la puerta por fin cedió y entramos, y me llevé una muy agradable sorpresa, porque la casa es chulísima; el salón está pintado de un color rojo amapola precioso, y la habitación aunque tiene una cama pequeña está bastante bien. Metí mis bolsas dentro, “la casera” nos ofreció algo de beber y después de tener la conversación de rigor -“¿De dónde eres de Italia?” “Del norte de Toscana, cerca de Pisa” “¿Has estado aquí más veces?” “Sí, es mi cuarta vez; claro, con una novia española…”- charlamos más distendidamente de otras cosillas, aunque el hecho de que estuviéramos de pie en medio del salón era un poco raro.

Pero la tía parece muy, muy maja. Y es muy graciosa también.

7 comentarios:

  1. Interesante tu blog y vivir en el rastro

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  2. Pero si del norte de la Toscana no puede venir nada bueno!!

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  3. Me pregunto quién ha dejado el último comentario... No, no es rubia. Es rubio.

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  4. yo esta vez no he sido... palabrita

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  5. Lo sé, o me equivoco mucho o ha sido un recientemente mineralizado...

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