sábado, 16 de abril de 2011

Rescatadas 22

No hay nada que me joda más que los monólogos. ¿un tío que escribe tonterías? Las tonterías son para decirlas, no para escribirlas- Dani Bro

Cari: ¿A que es guay cuando conocemos personas?
Pili: Sí tía, ¡es que somos islas!
Cari: ¡Laura, eso no! –al verme sacar la libreta- Hija de puta; es lo peor de la puta sociedad.

Nadie dijo que el humor tuviera que ser gracioso... –Yo

Carlos, alumno de 10 años, sin que viniera a cuento y sin acompañarlo de ningún movimiento: Yo me coloco como en la india.
Yo: ¿Quée?
Carlos: No; quería decirlo...
(¿?)

¿Cómo se llama un atracón de chuches? Una gomilona –Cari-


martes, 12 de abril de 2011

El Adonis (nuevo vecino 2)

Unos minutos más tarde, cuando salía yo por la puerta para ir a currar, seguía oyéndose el trasiego de la mudanza en las escaleras. Estaba echando la llave cuando oí a mis espaldas una voz masculina: “Hola...”  Me giré, y lo que me encontré fue... tremendísima aparición.

Un auténtico adonis se erguía ante mí; musculado en su punto justo, con una camiseta de tirantes blanca, todo él brillando y refulgiendo por el sudor... y guapo el jodío hasta decir basta. Como para mostrar su gran potencia muscular, llevaba una bombona de butano en cada mano como el que no quiere la cosa, y no se le ocurrió soltarlas en todo el rato que estuvo hablando conmigo -me gustaría pensar que estaban vacías.


 -Oye –me preguntó como si no fuera la encarnación de un dios griego- ¿a ti te han robado?
-¿¿Cómooo??
-¿No te han robado a ti, anoche?
-Nooo... no me han robado, ¿por qué? –le pregunté más que extrañada.
-Porque me han dicho que habían robado en la casa de alguien.
-Ah, pues no, a mí no...
-No roban aquí, ¿no? (¿cuántas veces se puede decir “no” en una primera conversación de escalera? Pues aún iba a haber una más.)
-Hombre, pues que yo sepa no. ¿Qué eres, el nuevo vecino? -le pregunté sonriente y arrebolada.
-Sí –sonrisa profidén con chispita de brillo en un diente... ¡ching!
-Bueno, yo me llamo Laura, ¿Cómo te llamas tú?
-Hugo

Así que el adonis se llama Hugo. Dudé de si darle los dos besos de rigor, pero estando como estaba tan sudoroso, y con una bombona colgando de cada brazo, no me pareció lo más indicado. Lo que sí hice fue regresar a la realidad más... mundana, y comentarle la gotera que las obras habían hecho en el techo de mi cocina y baño, interesándome amablemente sobre cuándo se pondría remedio a tan peliagudo asunto.

-Ah, bueno, pero eso lo tienes que hablar con el  dueño; un chico delgado que verás por aquí.
-Vale, muy bien, pero coméntaselo, si te parece- le dije con una sonrisa probablemente bobalicona.

Y bueno, intercambiamos unas pocas frases más y nos despedimos.

Mientras sacaba mi bici del patio pensaba que menudo pimpollo reventón que me había tocado por vecino, a la vez que comenzaba a especular sobre las nuevas líneas de investigación que las últimas conversaciones con el vecindario habían abierto ante mi: ¿Estaría mi tocaya llorando porque le habían robado a ella? ¿Vivirán el adonis y el chico delgado en el apartamento-ático? ¿Serán pareja, pues? Todo un mundo de incógnitas y posibilidades se abre en mi escalera.

lunes, 11 de abril de 2011

El nuevo vecino 1

Estaba el viernes pasado plácidamente leyendo cuando sonó el teléfono; era Jorge, mi vecino, el que vive a ocho escalones de mi casa. La conversación fue como siempre; él me pasó su cuestionario, y yo intenté seguirle el rollo y hacer como que sus llamadas me parecen algo natural, y como que somos colegas: “Qué tal todo, qué tal los papis, cómo va el trabajo -me preguntó, como siempre. Luego pasó a las preguntas improvisadas: ¿Y los caramelos?” (se refería a aquella bolsa de caramelos para mi tos que me dio hace ya la intemerata de tiempo, y que sabía yo que iba a traer cola).

- ¡Huy Jorge, los caramelos! ¡¿dónde estarán ya?! Jajaja. 
- Bueno, que me debes un café -me dijo, como tantas otras veces.
- Sí, –le contesté despreocupada- un día de estos... 
-¡¡¡JAJAJAJAAAA...!!! -soltó una tremenda risotada, que me desconcertó sobremanera y me hizo preguntarme: "¿¿¡wtf!??" Luego continuó a lo suyo: Pues cuando estaba subiendo las escaleras he oído a... ¿cómo se llama la del primero?
-Laura.
-Ah, pues he oído a Laura que estaba llorando...
-Esto... –¿qué coño comento yo a eso, Jorge? Que eso se lo guarda uno para uno, que no nos conocemos tanto...- Vaya, pues esperemos que no sea nada serio... (yo que sé...)
-Ya... ¿Has visto los nuevos vecinos?

(Breve inciso: el piso de arriba del mío, en el que vivió la p*** alemana y el presunto traficante húngaro, ha cambiado de dueño, y durante este último mes mi despertador ha sido el persistente y muy irritante golpeteo de los obreros desde horas harto tempranas para mi buen descanso -incluyendo sábados, domingos y fiestas de guardar.)

-¿Los de las obras? No, aún no he tenido el (dudoso) placer...
-Pues están haciendo la mudanza, ¿no les oyes por las escaleras?
-Ah, sí, ¿son ellos entonces?

Fue en definitiva una conversación bastante similar a los cienes de conversaciones que hemos tenido en estos muchos años; todas ellas con sus pequeños toques desconcertantes a la par que pseudo-entrañables.

Unos minutos más tarde, cuando salía yo por la puerta para ir a currar, seguía oyéndose el trasiego de la mudanza en las escaleras. Estaba echando la llave cuando oí a mis espaldas una voz masculina: “Hola...”  Me giré, y lo que me encontré fue... tremendísima aparición.

martes, 22 de marzo de 2011

Marzo: el mes del conejo.

 El pobre ya se esconde cuando me ve llegar; está todo emparanoiao; 
no hay más que mirarle a los ojos para darse cuenta.

Supongo que con el rollito este del conejo no engaño a vuestras sagaces mentes, y os oleréis rápidamente que sigo sin tiempo/ganas de escribir; ya nos vamos conociendo, ¿no?

Aun así, me gustaría dedicar un ratito a proclamar con regocijo la llegada de mi muy querida primavera, y de paso regalaros una imagen que vi hace unos días por el barrio, y que a pesar de su simpleza, me conmovió y me sacó una sonrisa.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Un conejito por otro

Los que tengáis Cotidianas en el reader o en la lista de lectura no lo acusaréis, pero me consta que quienes entran al blog de vez en cuando para ver si he actualizado, y si tardo un poco más de lo habitual, pueden acabar jartándose un tanto de ver la misma foto una y otra vez. Máxime -me hago cargo- si es un primer plano de unos genitales femeninos. Y aunque fueran masculinos, vaya.

Así que, magnánima como soy, he decidido que aunque estoy vaga-vaga para currarme una entrada en condiciones,  me voy tirar al rollo y actualizar, que una semana ya es suficiente homenaje a nuestras partes. 

Y con pereza de escribir ¿qué queda? Fotos. Me he dado una vuelta por las últimas, y esto es lo que os ha tocado:

Iba yo un día de la semana pasada por la calle Tribulete, camino del curro, cuando para mi gran sorpresa y admiración me vi a un pequeño conejito blanco spray en mano, escribiendo sobre la pared tamaña obscenidad: "Viva la  Esteban"  "Caray con el conejito... -pensé para mis adentros. Y acontinuación: Esto lo tengo yo que arretratar pa' sacarlo en Cotidianas".

Lamentablemente para cuando hube parado la bici y sacado la cámara de mi mochila, el conejito ya había acabado su pintada y, percatándose de mi presencia, escondía el spray de pintura tras la espalda. De hecho si os fijáis en la foto se ve cómo asoma por un lado el bote de pintura, ¿lo veis? A la izquierda.


Total, que al día siguiente mismo conejito, misma historia; al llegar yo, el muy truhan (¡sin acento!) volvió a poner esa cara suya de no haber roto nunca un plato, que casi hasta da ganas de creérselo.
Pero yo estaba determinada a conseguir la imagen que mostrara al mundo su verdadera naturaleza vandálica, así que me hice la longui yo también, y cuando vi que el conejito me daba por desaparecida y reemprendía la marcha, le seguí en la distancia cámara en mano para retratarle pergeñando su siguiente fechoría.

Y fechoría la hubo, pero no spray en mano, sino...


martes, 8 de marzo de 2011

La vulva y el arte

Dedicado a las mujeres, en nuestro día.

Este es El origen del mundo.


Lo pintó Gustave Courbet allá por el año 1866. Qué valor; un escorzo con una vulva ahí en primer plano, sin brazos, piernas o cabeza que permitan al observador la excusa de estar mirando a otra parte. Claro, así le fue al cuadro, que estuvo el pobre un siglo y medio de periplo vergonzante, oculto en anticuarios, colgado tras otros cuadros de motivos menos comprometidos...  viviendo en las sombras nada menos que hasta 1995, en que un osado comisario del Museo D’Orsay de Paris le echó arrestos y lo expuso –con la precaución, eso sí, de poner una vigilancia especial en la sala, por temor a las reacciones del público.

Las cosas han cambiado bastante desde que Courbet cometió el atrevimiento de mostrar esta perspectiva de una mujer, y hoy en día tenemos todos los primeros planos de pubis femeninos que queramos a un clic de ratón. Pero seamos francas; las “nuevas vulvas” que se ven en internet y películas porno son radicalmente diferentes de la del cuadro de Courbet, y desde luego radicalmente diferentes de la que la inmensa mayoría de las mujeres veríamos si cogiéramos un espejito y miráramos hacia abajo, ¿verdad chicas?

Afrontemos los hechos; el prototipo de vulva que nos está vendiendo la industria del porno es irreal: un pubis sin vello –o apenas una leve insinuación- labios pequeñitos, todo muy recogidito y de un color rosado uniforme. Nada sobresale o llama la atención; es apenas una línea entre las piernas, como si fuera la vulva de una niña, solo que a mayor escala. Un poco enfermizo eso, ¿no?

Me parece muy preocupante que las mujeres vayamos poco a poco tragándonos esta gran bola e intentemos adaptar nuestra anatomía a este canon artificial y ridículo impuesto. Pero está sucediendo: cada vez más chicas se deciden por la "depilación extrema" -una tortura y esclavitud a la que yo personalmente no estoy dispuesta a someterme- y en casos más radicales, la inseguridad respecto a la estética de los propios genitales lleva a algunas mujeres a cortar por lo sano y recurrir a la cirugía (!!)

Este equivalente moderno de la mutilación genital -comenta al respecto Jamie Mc Cartney, escultor inglés- es una práctica extraña que sugiere que una vulva es mejor que otra. 

Los hombres -continúa diciendo- ven por lo general más vulvas que las mujeres, que a menudo solo han visto la suya propia.  De ahí mi deseo de mostrar la gran variedad de formas, porque puede resultar infinitamente fascinante, empoderante y reconfortante. Para muchas mujeres sus genitales son una fuente de vergüenza más que de orgullo, y esta obra busca restablecer el equilibrio, mostrando que todas son diferentes, y todas son normales. 

Su obra, La gran muralla vagina, que se expondrá por primera vez este mes de mayo en el Brighton Festival Fringe, está compuesta de nada menos que 400 moldes de vulvas de mujeres desde los 18 a los 76 años, distribuidos en diez paneles de cuarenta moldes cada uno.

¡Empoderaos chicas, mirando esta pequeña muestra!

martes, 1 de marzo de 2011

El punto sin retorno

Desde hace más de un año no veo los telediarios ni leo los periódicos habitualmente. Necesito mantenerme alejada de ese metralleo constante de noticias nefastas sobre las injusticias, crueldades y horrores que suceden en el mundo.

Mucha gente me reprocha mi postura; gente que dice que hay que saber la verdad, que hay que estar informado. Y yo me pregunto, ¿Para qué? ¿Para que se me parta el corazón con las cosas que oigo? ¿A quién beneficia que yo sepa, si como tantas otras personas no puedo hacer, no hago nada al respecto?

El pasado noviembre echaba un vistazo a un 20minutos que me encontré en la sala de profesores. En la portada había el siguiente titular, referente a la invasión de Marruecos del Sahara Occidental: Ocultos en Aaiún: "Por la noche se oyen las torturas” No pude evitar imaginármelo y sentir una tristeza y un dolor  inmensamente profundos, y llorar. Es tan, tan espantoso.

Entiendo que debemos tener conocimiento de las cosas terribles que suceden en el planeta en que vivimos; no podemos vivir en el mundo piruleta. Pero llega un punto en que nuestra mente no puede asumir tanto horror, tanto dolor, y poco a poco nos vamos anestesiando; es normal, es un mecanismo de defensa. Y esto tampoco es bueno. Creo que hay que encontrar un equilibrio, y no me parece que sea fácil.

Por todas estas razones estoy solo mínimamente informada sobre la ola de rebeliones que está sucediendo en el mundo musulmán, pero lo poco que me llega me parece espeluznante. Espeluznante por un lado y tremendamente heroico y esperanzador por otro. Pero me queda tan lejos, tan remoto es para mi vida tranquila de barrio, que me costaba imaginar qué podía impulsar a poblaciones enteras de personas a tener la temeraria valentía de salir a las calles, sabiendo que pueden perder la vida exigiendo justicia. Hace unos días me llegó la escalofriante explicación:

Hemos llegado al punto sin retorno. Sabemos que si no morimos en las calles, nos matarán en nuestras casas.

Llevo unos días que no me puedo quitar esto de la cabeza. Ni del pecho y el estómago.

Y siento que no hay mucho que yo pueda hacer al respecto. Pero hace tiempo me propuse que cuando tuviera este sentimiento de indefensión e impotencia, para evitar la “parálisis”, tenía que encontrar aunque tan solo fuera lo mínimo que sí pudiera hacer, y hacerlo. Así que he escrito este post.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Primeras señales 2011

El pasado cinco de Febrero, hace apenas unos días, decía yo al comienzo de un post:

“Ya están aquí esos días de solete invernal, de ese sol tan ansiado que por fin vuelve a calentarnos -a través de varias capas de ropa, eso sí. Cada vez están más cerca esas primeras señales que espero cada año; mi primer lirio en El Retiro, mi primer césped salpicado de margaritas, mi primera mariquita, mi primer almendro en flor... todas esas señales que me dicen que después del reposo invernal, la vida comienza a bullir de nuevo.”

Pues ya las tengo todas. Ya no me lo tiene que decir nadie, que lo veo yo;  ¡ya está aquí el renacimiento!

La primera señal que vi fue un césped salpicado de margaritas en el Paseo del Prado, de camino al curro. Cuando lo vi pensé con suspicacia: “¿Es eso de verdad lo que me parece que es? ¿Son... margaritas?”  Paré mi bici, y sí; estaba ante mi primera señal.

(18.2.11)

Y claro, cuando viene una, las demás vienen ya todas seguiditas. Así que este finde en Patones vi mi primer almendro en flor

(20.2.11)
y mi primera mariquita (funambulista).

El lunes no me pude resistir y me escapé un rato al Retiro en una ventanita que tenía entre clases, con el objetivo de conseguir la última señal que me quedaba. Fui derechita a a la zona donde cada año florecen los primeros los lirios de todo el parque... y nada; me llevé una pequeña desilusión cuando vi las varas plagadas de capullos reventones, pero ninguna flor abierta todavía. Pero cuando ya me retiraba dándome por vencida, un poquito más adelante que otros años, lo vi; mi primer lirio. Al fotografiarlo me di cuenta de  que empezaba ya a declinar un poco el pobre, así que ha sido un gran adelantado respecto a sus congéneres.

 (21.2.11)

Vale, ya tengo todas las señales; ahora quiero el buen tiempo.

PD (15.19hs): ¡También el buen tiempo está aquí! Acabo de venir del parque de los perros; hoy ha sido mi primer día de usar la mantita de picnic para leer tirada al sol. Y al salir  para allá he dejado todas las ventanas de la casa abiertas de par en par para que entre el airecito cálido, por primera vez este año. Bieeeen.... :)

viernes, 18 de febrero de 2011

Mi primera curda

De pequeña me encantaba el anís. Y cuando digo pequeña, me refiero a cuando tenía una edad de una sola cifra. Mi madre me dejaba meter el dedito en su copa y libar así apenas unas gotitas del delicioso licor; total, unas gotitas no me iban a hacer ningún mal... Pero claro; entre que aquello me sabía a muy poco -incluso cuando mi madre me dejaba meter el dedito una segunda vez- y que sabía perfectamente dónde guardaban la botella, la tentación era demasiado fuerte para mi débil e inmaduro sentido moral.

Así que cuando mis padres no estaban al acecho, yo me iba al mueble bar, pegaba un lingotazo a la botella de anís, y con el licor ardiéndome en la boca, sin tragarlo, me iba corriendo al grifo más cercano al cual me amorraba, y mezclaba en mi boca licor y agua. Después, con los carrillos hinchados y aquel embriagador sabor inundándome la boca, me lo iba tragando a pequeños buchecitos.

Esto no lo hacía con frecuencia, porque era consciente –vagamente- de que no estaba del todo bien aquello, y tenía la  fundada sospecha de que si mis padres me pillaban me iba a caer bronca, fijo. Pero como nunca me llegaron a pillar, supongo que poco a poco me fui confiando.

Un día, ya a mis doce años, invité a Maricarmen, una compañerita del cole, a merendar en casa después de clase. Consciente de mi papel de anfitriona, después del bocata y del cola-cao, decidí darle a probar a mi invitada aquello que a mí tanto me deleitaba. El sistema del buche me di cuenta de que no era elegante para las visitas, así que cogí un vaso de duralex, lo llené hasta la mitad de anís y luego rellené la otra mitad de agua; lo que viene siendo una palomita, pero del tamaño de una avestruz.

Cuando vino el padre de Maricarmen a recogerla, nosotras no parábamos de reír y reír incontrolablemente por todo -supongo que también nos costaba mantener el equilibrio. Yo no era consciente de que nos pasara algo raro, y menos aún se me ocurría hacer una conexión entre nuestras risas y el anís, pero algo me imaginé cuando el padre de Maricarmen nos preguntó extrañado: “¿Pero qué os pasa?” Y luego nos lo preguntó otras cuatro o cinco veces más. Obviamente ni se imaginó que yo hubiera podido emborrachar a su hija; supongo que  atribuiría nuestro comportamiento a la tontería propia de las niñas de esa edad, y salimos indemnes de aquella.

El viernes pasado en Tabacalera recordaba esta historia con Iñaki y sus colegas, hablando de primeras curdas. Y al acabar me quedé pensando que ahora, por mi edad, lo veo más desde la perspectiva del padre. Y me imaginé que fuera a recoger a... mi sobrina pre-adolescente (aunque ninguna de las dos tiene esa edad aún) a casa de su amiguita y me las encontrara en ese estado desquiciado; desde luego tampoco se me pasaría por la cabeza que llevaran una toña. Sería como si cuando a mi sobrina Jara le dan esos arrebatos extraños que se pone a dar saltos, y a bailar, y a poner muecas desencajadas, y a emitir sonidos guturales estridentes,  se me ocurriera pensar que se ha metido algo la criatura!...

Un momento... o_O

martes, 15 de febrero de 2011

Rescatadas 21

De pequeño, cuando nadie me veía me comía el hígado de mis hermanos; me volvía loco. A veces hasta me comía el hígado del gato a escondidas- Iñaki

Ray.¿Cómo estás?
Yo: Aquí, en mi placidez improductiva...

Sara, alumna mía de 7 años: "Solo por un peldaño a veces los abuelos se caen y se matan... es muy raro."

Cari: (después de un prólogo sobre monjes budistas) ...así que se puede llegar al humor por el amor, y al amor por el humor.
Iñaki: ¿Es tuyo?
Cari, ufana: Sí...
Yo: Hala , pues no te preocupes que yo te lo publico. (Y aquí estoy, cumpliendo )

Pili: Le pregunto a Luis "¿Dónde quedan más guay las manos en los bolsillos; en la falda o en la chupa?" ¡¡Y el pobre me contesta!! ... “¿A ver?... en la chupa.”

Un borracho zigzagueando por El Rastro, hablando solo, a la vez que levantaba dos dedos: "Tengo... para dos putas."

Cari: Lo de los esbozos se conserva
Yo: ¿¿Quéee??
Cari: Que lo de los bostezos se contagia
Yo: Joder; lo mismo.
Cari: Pero lo he dicho en contexto.
Yo: ?????

lunes, 14 de febrero de 2011

Nuevo status quo en Cotidianas

Cucarachas morded el polvo, porque ha llegado la pasma.

 ¡¡Por fin me he librado de las cucarachas en Cotidianas!! ¡Ya no son ellas las protagonistas del post más leído! Siento que mi honra, prestigio y buen nombre están a salvo; ya no me conocerán las futuras generaciones como “Laura la de las cucarachas”

¿Y quién ha conseguido expulsar del primer puesto a esos infectos insectos? Pues nada menos que “la autoridá”. Porque por alguna extraña razón que solo la providencia conoce –iba a decir San Google, pero también está el factor humano- el nuevo post ganador, por el que pasaré a la posteridad, es...


Hay que joderse... ahora pasaré a los anales de la historia como una delincuente común. Maldita sea mi suerte, una y mil veces...

jueves, 10 de febrero de 2011

Opposites

A menudo me pregunta la gente si prefiero dar clases a adultos o a niños, y lo cierto es que no tengo una respuesta clara. Si todas mis clases fueran con niños, supongo que acabaría un poco hartita, pero este año por ejemplo solo tengo dos grupos de pequeñajos, y lo cierto es que disfruto con ellos como una enana; como digo siempre, los niños son la bomba, y me siento privilegiada de poder pasar tiempo con ellos y ser de alguna manera partícipe o testigo de su forma de ver la vida, de sus razonamientos, de sus dudas...

Este martes pasado por ejemplo, estaba en clase con un grupo de tres niños y una niña, en torno a los nueve años. Estábamos haciendo un ejercicio en el que tenían que buscar adjetivos en un texto, y luego emparejarlos por opuestos: frío-caliente, grande-pequeño... Entonces Ángel me preguntó: “¿Podemos poner azul?” “No, porque los colores no tienen contrarios, ¿cuál es el contrario de azul?” Qué pregunta tan tonta. “rojo” –me contestó sin pensárselo. “Vale –le respondí divertida-  me parece muy bien. Pues ponlo si quieres”  Ya ves a mí lo que me va; esto es clase de inglés, no de lengua –pensé.

Entonces me acordé de una anécdota que me contó Guy hace tiempo; un día jugando a taboo en clase, un niño tenía una tarjeta que ponía “gato”, y tenía que definirla para que su compañero adivinara de qué se trataba. “Lo contrario de perro”-dijo. Por supuesto su compañero no tardó ni media en adivinarlo.

En clase con los niños muchas veces aprovecho para dar rienda suelta a mis paridas e incluso provocarles para ver por dónde me salen. Y me encanta, porque ellos reciben mis tonterías tan ricamente; no solo no se extrañan, sino que a menudo me salen con unas cosas que me dejan pasmada a mí. El caso es que para juguetear un poco con sus mentes les pregunté: “OK, what's the opposite of dog?” “Cat” me respondieron todos al unísono sin dudarlo un instante. “Aha... ¿And the opposite of fish?” -les interrogué con cierta malicia. Aquí la respuesta tardó algo más en llegar, pero no demasiado: Iván me miró con esos ojos negros de pestañas kilométricas, y me dijo tan serio, como si después de meditarlo tuviera la absoluta certeza de haber dado con la respuesta correcta: “Horse.”

   -Aha... ¿Y qué es lo contrario de pez?
   -Caballo.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Imágenes robadas

Hace unos días, un amigo (cuyo nombre no voy a revelar, porque como veréis a continuación, es muy suyo con el tema de la privacidad) me amonestaba por haber publicado aquellas fotos de “El póster” –cuando aún era “el vecino informático". “Si yo fuera él, y viera esas fotos mías publicadas, te denunciaba sin pensármelo dos veces” –me decía. “Pero a ver –me defendí- ni digo su nombre, ni digo dónde vive, ni apenas se le reconoce la jeta en las fotos. Y tampoco está haciendo nada íntimo; sólo le saco delante de su ordenador” “Ya, pero te estás metiendo en su casa!” “Pero si a los famosos les hacen fotos los paparazzi y no les pasa nada, ¿qué me va a pasar a mí? Y realmente no veo cómo le puedo estar perjudicando. Además que le saco en Cotidianas, no en El País”.

Pocos días después, esa misma semana, estaba yo en casa tan ricamente cuando sonó el timbre. Al abrir la puerta me encontré a Jorge, mi vecino/pseudo pretendiente, con el aspecto desharrapado habitual; en bata y zapatillas de andar por casa, y con barba de tres días. “Hola Laura, ¿me podrías dejar usar tu teléfono para hacer una llamada?” “Claro, claro, pasa”. Era la primera vez que Jorge entraba a mi casa. Una vez dentro le alcancé el teléfono.“¿Me marcas el 1004?” -me pidió, supongo que para demostrarme que no era una llamada personal “Sí, claro. Qué, ¿tienes problemas con telefónica?” “Sí, no me funciona la línea.” 

Mientras intercambiábamos estas frases me fijé en pequeños detalles de su indumentaria: el cinturón de la bata era un cinturón miserable de cuero, finito, con el “rabito” colgando, y en la solapa de la bata tenía una quemadura del tamaño de una moneda de dos euros (en realidad algo mayor, pero no se me ocurría otro tamaño de referencia) En el jersey que llevaba debajo tenía otra quemadura de un tamaño parecido. “¿En serio? –pensé- ¿Vas a casa de un vecino y no te da reparo aparecer así? Es más; ¿No te da reparo andar así por casa?" Pero bueno, no era la primera vez que me asaltaban estos pensamientos respecto a él, y decidí quitármelos de la cabeza y prepararme para salir a currar mientras él hablaba por teléfono.

Cuando me estaba arreglando en el baño pensé... “Jorge en mi casa... ¿y si le hago una foto mientras habla distraídamente? ¡menuda “exclusiva” para Cotidianas! Ya, pero... ¿y si se da cuenta? Sería una situación espantosamente violenta.” Pero todo esto lo pensaba mientras me acercaba ya al salón cámara en mano, sintiendo el corazón acelerándose en mi pecho. Al llegar vi que estaba de espaldas: perfecto. Nada menos que cinco fotos robadas le hice. Como me dijo Cari cuando se lo conté; menos mal que no saltó el flash.

El caso es que he estado más de una semana con las fotos en mi poder, sin saber qué hacer con ellas. Publicarlas no es tan importante para mí; ni me van a dar un Pulitzer, ni voy a ganar pasta... pero me apetece; me hace gracia. Además veo más que improbable que Jorge o alguien que le conozca llegue a las fotos alguna vez -aparte de que ni se le ve la cara- con lo cual dudo mucho que le pueda causar ningún perjuicio. 

Aún así, me gustaría saber vuestra opinión... ¿Pensáis que estoy quizás atravesando la delgada línea que divide el bien  del mal? A mi amigo ni se lo pregunto, porque me sé lo que me va a decir.

sábado, 5 de febrero de 2011

Una visita al Palacio Velázquez

Ya están aquí esos días de solete invernal, de ese sol tan ansiado que por fin vuelve a calentarnos -a través de varias capas de ropa, eso sí. Cada vez están más cerca esas primeras señales que espero cada año; mi primer lirio en El Retiro, mi primer césped salpicado de margaritas, mi primera mariquita, mi primer almendro en flor... todas esas señales que me dicen que después del reposo invernal, la vida comienza a bullir de nuevo.

El miércoles estuve en El Retiro a primera hora de la tarde -antes de entrar a currar- dando una vueltecilla con la bici, buscando esas señales y disfrutando del sol; de poder por fin salir del refugio a "los exteriores" otra vez.

Después de un rato de vagar sin rumbo fijo entre caminos y parterres,  llegué al Palacio Velázquez, un edificio/sala de exposiciones en El Retiro -que dicho sea de paso, con lo bonito que es, nunca he conseguido retratar satisfactoriamente en todo su esplendor. El caso es que vi que había una exposición de un fotógrafo francés, Jean-Luc Mylayne,  que por lo visto se dedica a fotografiar pájaros en su entorno natural, y allí me colé.


No sé si había estado dentro antes, pero si estuve fue hace muuucho tiempo. Al entrar me sorprendió muy gratamente la espaciosidad del interior y la luz natural que entraba por las cristaleras del techo, que conseguía hacer realmente acogedor y cálido ese espacio tan amplio. Saqué la cámara y no paré de hacer fotos en todo el rato que estuve allí.

Siempre he sido muy amiga de los reflejos, y me gusta buscarlos cuando estoy cámara en ristre. En esta ocasión no era necesario, estaban por todas partes; en los suelos, en los cuadros...



 
Pero se acercaba la hora de entrar a currar, y tuve que dar por concluida mi visita. A la salida vi las sombras alargadas de los árboles, señal de que al sol le quedaba muy poco ya para ocultarse, y no pude resistirme a otra de mis constantes; la foto de mi sombra.

martes, 1 de febrero de 2011

Las Necrosantas

En aquella época, hace ya casi dos años, Cari no estaba currando, así que tenía todo el tiempo del mundo para parir proyectos. Un día tomando el aperitivo en el Chino-español me contó una idea que se le había ocurrido: iba a pintar camisetas con monigotes de trazos muy simples, y ya tenía pensado su primer personaje: Puerila. Me pidió mi "libretita de exteriores" y esto fue lo que dibujó:

(Obsérvese que va descalza, por ello los deditos de los pies)

Además de un nombre más o menos significativo, parte de la idea  era que los personajes dijeran cosas que de alguna manera definieran su personalidad, de manera que no sólo iban a ser camisetas, sino el reflejo de un modo de vida (es un decir).

Después de dibujar los sencillos trazos de Puerila, Cari me dijo: “También tengo otros dos personajes pensados: Furora y Doctor Encanto. Pero aún no los he dibujado” Y no recuerdo si me pidió que lo hiciera yo, o a mí me apeteció intentarlo; el caso es que lo hice, y salieron así:

Cada domingo, vermouth Yzaguirre mediante, Cari ponía sobre la mesa unos nombres que pasábamos a monigote. En algunas ocasiones ya traía alguna idea de cómo podría ser, en otras lo decidíamos conjuntamente y yo lo ejecutaba; primero en una servilleta para ir probando, y luego cuando ya estábamos satisfechas, lo pasaba a la libretita. A veces nos gustaba tanto el primer resultado, que yo me guardaba el trocito de servilleta con el dibujo, y al llegar a casa lo pegaba en la hojita correspondiente tal y como.

Así que mi “libreta de exteriores” de aquellos entonces está lleno de personajillos de estos; ¡hasta nos atrevimos a diseñar animales no humanos! Teníamos el perro Gandul y la vaca Le Corbusier (con pestañas).

Las dos estábamos encantadas con nuestra fauna de monigotes, así que en una de nuestras quedadas estacionales con Luis, no pudimos resistirnos a compartir con él, con ilusión de madres primerizas, nuestra obra de los últimos meses. Casi al final del cuaderno llegamos a “Las Necrosantas”, dos viejecillas encorvadas, con moño y cara de amargadas, y con un rosario en las manos. “¿Las necrosantas? –preguntó Luis- ¿Por qué Las Necrosantas? Cari y yo respondimos inmediatamente y a coro, como si lo tuviéramos preparado: “Porque son dos”.

Claro,  los tres nos quedamos mirándonos los unos a los otros con el gesto descompuesto de incredulidad y sorpresa, a cual más flipado, y como pidiendo una explicación a aquella absurda doble respuesta. Luego seguimos emborrachándonos.



(Gracias Cari, por dejarme compartir con el mundo esta preciosa historia de amor -o algo.)