Hoy a la vuelta del curro, en la plaza de Agustín Lara he visto una rueda de hámster de como cinco metros de diámetro –o algo que se le parecía mucho, vaya. En seguida he deducido que sería para alguna actuación con motivo de San Isidro, porque en esta plaza hay con frecuencia conciertos, proyecciones de películas, mercadillos y demás divertimentos para nosotros, el populacho. Total, que he hecho un barrido visual de 360º y he detectado el cartel en el que anunciaban la actuación de unos acróbatas franceses a las nueve de la noche. Y me he dicho pa’mi: “Pues aquí que me vengo en un par de horitas a ver esto en qué consiste". Total, lo tengo a cinco minutos de casa.
Allí estaba a las nueve -a y cuarto en realidad; cuando no has quedado con nadie te puedes permitir el lujo de la impuntualidad. La actuación ya estaba empezada, y parecía que la plebe disfrutaba el espectáculo a juzgar por sus generosos aplausos, pero sin ánimo de quitar mérito a nadie, a mí no me ha impresionado mucho –probablemente porque estaba demasiado ocupada intentando hacer una foto decente con la escasa luz que había, a la vez que de vez en cuando buscaba con el rabillo del ojo a alguien con quien prefería no encontrarme.
Total... (que me lío con lo no importante) que cuando ha acabado la actuación me he quedado sentada en la plaza observando el gentío disolviéndose, y en eso estaba cuando he oído a mis espaldas un coro proclamando a voz en grito: “¡Aquí estamos, somos los ateos!” Al girarme he visto una muchedumbre bajando Mesón de Paredes, portando una tetera roja de papel maché de considerables dimensiones –está visto que hoy era día de la desproporción.
Cuando han empezado a entonar: “Fuera religión de la educación” he atado por fin cabos: "¡Tate! -me he dicho- Esto va a ser la procesión atea esa que no les dejaron hacer en Semana Santa, que la han dejado para San Isidro". Y siguiendo sus cantos de sirenas, sin dudarlo un instante me he unido a la comitiva sin saber siquiera dónde iría a parar aquello.
Había allí gente de todas las edades, portando pancartas y hasta alguna bandera republicana, cómo no. “Ni Dios, ni amo, ni estado ni patrón” –ha empezado a corear la prole. Y un poco más adelante: “Más cerveza, menos hostias”. Esta me ha encantado, así que he sacado mi libretita nueva (gracias Marta), y me he puesto a apuntar, como no podía ser de otra manera.
Entonces me he acordado de la manifa de la mujer de hace un par de años en la que también eché mano de mi libreta para apuntar algunas consignas que no podían caer en el olvido, y he recordado aquella de: “menos rosarios, y más bolas chinas”, “Esta vendría pintiparada” –he pensado para mis adentros. Y no ha sido ni dos minutos más tarde que una voz de mujer ha empezado a corear esa misma consigna, y la masa le ha seguido como Fuenteovejuna, voces femeninas y masculinas unidas, todas a una... “¡menos rosarios, y más bolas chinas!, ¡menos rosarios, y más bolas chinas!” Oh... ¡qué momento más emotivo!
El anticlericalismo y la irreverencia eran obviamente el meollo de la manifa, así que la gente no se ha cortado mucho: “Qué pena me da, qué pena me da, que la madre de Rouco no pudo abortar” o “¡Te han engañado, la virgen ha f*llado!”
Momento de tensión cuando hemos pasado por la Iglesia de San Lorenzo y la gente ha empezado a corear “Esa iglesia, la vamos a quemar”. Y me ha gustado, porque alguien de dentro de la manifestación ha dicho que no al grupo, como si hubiera cierta conciencia de no pasar algún límite, o de que la cosa dejara de ser festiva y cachonda... y se ha acallado esa consigna. Pero en seguida, un poco más atrás la gente ha comenzado a corear de nuevo: “¡Esa iglesia, la vamos a... okupar!” Me ha encantado la ocurrencia; en perfecta consonancia con el barrio.
Y bueno, la verdad es que tenía pensado contar otras cosillas, como mi encuentro con mis vecinos de al lado -a partir de ahora, "los ateos"-, o la interesante explicación de que portaran una
tetera, o de cómo después de la lectura del comunicado final la gente esperaba turno para fotografiarse con la "tetera sagrada", o la bonita y conmovedora unión de barrenderos y nacionales, trabajando hombro con hombro al final del recorrido...
Pero no puedo más; doy aquí por concluida mi narración y me voy al sobre, que ya está bien, que mira qué tarde se me ha hecho, me cago en...