jueves, 23 de junio de 2011

Se llama Mané

El memorable día en que conocí al Adonis, mantuvimos un intercambio de frases mientras bajábamos por las escaleras -él bombonas de butano en sendas manos, me encanta recordarlo. Al llegar al bajo me dirigí a la puerta del patio, que es donde guardo mi bici. “Oye, ¿el patio es de uso comunal?” me preguntó, supuse que tanteando la posibilidad de utilizarlo él también. "¡Y turgente!" -me hubiera gustado contestar. En vez de eso dije:“Bueno, sí; hace ya unos años sugerí a los vecinos aparcar la bici aquí con la excusa no manchar las paredes al subirla al hombro, y me dejaron.”

Pues hace unos días llego de currar con mi burra, abro la puerta del patio, ¡y me encuentro una bici intrusa donde yo pongo siempre la mía! Confieso que mi reacción instintiva fue como si me hubieran quitado algo “que me pertenecía”: “¡Pero bueno; ese es mi sitio!, ¿no pueden aparcarla un poco más allá?” -pensé.  Y luego me dije: Y a mí qué más me dará aparcarla yo un metro más allá, ¿no? Y así lo hice.


Quizás buscando congraciarme con el cosmos por mi posesiva reacción, o precisamente para dejar de manifiesto subrepticiamente que ese era en realidad mi sitio –o por cualquier otra razón entre esos dos extremos- decidí dejar una notita al dueño de la nueva bici. Saqué mi “cuaderno de exteriores” y escribí algo así como:

“Así que ahora vamos a tener que pelearnos por el sitio...
Es broma; me alegro de que mi bici ya no tenga que estar tan solita.
Laura (big smiley)”

Arranqué la hojita y la dejé en el manillar de la nueva bici.

Los primeros días la notita continuaba donde la había dejado -señal de que no sale a pasear con frecuencia, la pobre. Luego desapareció.

Ayer me encontré un papelito en el triángulo de mi bici en respuesta a mi nota que decía:


4ºC, el presunto piso del Adonis. Pero el Adonis se llama Hugo, así que o viven juntos en alegre contubernio, o Mané es mi one and only nuevo vecino. Pues ¿sabéis qué os digo? que me quedo tan encantada con Mané; que me ha caído bien -a pesar de haberme usurpado mi plaza de aparcamiento, que una perdona pero no olvida.

... Ahora decidme; “Soles y flores”... ¿es gay o no es gay? :D

martes, 21 de junio de 2011

¿Dónde estará mi Adonis?

Tengo que aceptarlo; quizás me precipité al asumir que El Adonis iba a ser mi vecino. Fueron las ganas, la obnubilación del deseo... pero sospecho que fue todo una vana ilusión; es hora de admitir que pude haberme precipitado en mis conclusiones.

En todo este tiempo no he visto el aura del Adonis refulgiendo por las escaleras de mi casa ni una sola vez –y ya hace más de dos meses de nuestro primer encuentro. Al principio me resistía a caer en el desánimo, me alentaba a mí misma argumentando que quizás teníamos horarios incompatibles... pero después de tanto tiempo quizás debería dejar de engañarme; ¿Estaría El Adonis simplemente ayudando a su amigo a mudarse? Para mi desgracia, esa parece la más plausible explicación.

Pero la investigación continúa.

Hace como un par viernes, por la noche, estaba yo afanada tendiendo mi ropita, cuando oí una voz masculina subiendo por las escaleras, hablando un idioma desconocido. Al pasar a altura de mi piso vi fugazmente un par de hombres con el pelo rapado y barbita de tres días, y pensé para mí: “Estos o mucho me equivoco o van al cuarto, porque tienen toda la pinta de ser gays.”

Lo que tiene que los gays hayan salido del armario así en tropel, es que ya nos conocemos sus diferentes tipologías; que si reinas, que si locas, que si osos, que si tíos duros con bigote, enfundados en cuero negro con look pseudo sado-maso, que si metrosexuales rapados con barbita...  Estos que subían por mis escaleras eran prototipos de libro de esta última categoría.

Apenas unos segundos después de verlos en ascenso, oí como llamaban al timbre del cuarto. La puerta se abrió: “¡Hola guapo!, ¿qué tal? -oí al anfitrión dando la bienvenida a sus invitados- dame dos besos.”  Mientras acababa de tender la colada podía oír retazos de su conversación por el patio; a pesar de no hablar con tono amanerado en absoluto, no me cupo la menor duda de que no me equivocaba.

De modo que mis sospechas de que los nuevos vecinos (o el nuevo vecino) sea(n) gay parecen seriamente consolidadas, pero quedan un par de preguntas por responder; ¿era o no era el Adonis quien daba la bienvenida a los mocetones? Si lo era, ¡¿Por qué no he vuelto entonces a verle por las escaleras?! ¿¡¡POR QUÉ, DIOSS, POR QUÉÉÉ...?!!


Si me da igual que sea gay, si yo lo único que pido es alegrarme la vista con su resplandeciente belleza dionisiaca de vez en cuando...

/Continuará/

lunes, 13 de junio de 2011

Vida frugal

¿Sabéis eso de cuando una palabra se resiste siempre a venir a la mente? A mí me pasó durante muchos años con la calle Argumosa en Lavapiés, y me sigue pasando en ocasiones con la plaza de Cascorro en El Rastro –de hecho me ha costado un instante de más recordarlo para escribirlo ahora. Sé que existe una interpretación freudiana para estos “actos fallidos”, pero francamente, no me interesa mucho más que a título anecdótico.

Aparte de nombres de lugares, también se me resisten otras palabras; durante mucho tiempo por ejemplo me costaba dar con la palabra “austeridad”. Siempre que me intentaba auto-calificar de “austera” acababa conformándome con su sinónimo “frugal”, pero por alguna razón no terminaba de quedarme satisfecha con la sustitución.

El caso es que por fin conseguí inventarme una regla mnemotécnica que funcionó: Australia. Me acordaba de Australia, y sabía que empezaba igual, ¡y voila! Superé mi “tara”.

Pero me viene Cari el otro día y me cuenta que se está leyendo un libro que se titula “Cómo liberarse de la esclavitud del dinero”, en el que se explica el origen de la palabra “frugal”. Por lo visto el término proviene del latín frugalis; entre los romanos se calificaba así al hombre de hábitos moderados para comer, que se conformaba apenas con los frutos de la tierra. Y esta voz proviene su vez nada menos que de los pueblos indoeuropeos neolíticos, de la raíz bhrüg-, que designaba a los propios frutos, y más genéricamente a la idea de 'disfrutar' o 'aprovechar'. De modo que una vida frugal significaba en su origen, disfrutar o aprovechar los frutos de la tierra. Disfrutar lo que hay, vaya.


Se me ha tachado en el pasado de poco ambiciosa en el campo laboral, e incluso de ser una “underachiever” (según word reference, “persona que no rinde al nivel de su capacidad o al nivel exigido”) pero ahora me doy cuenta de que en realidad lo que soy es frugal. Y me lo curro, no se me vaya a malinterpretar.

A lo largo de mi vida he ido tomando pequeñas decisiones conscientes que me han conducido a lo que personas más ambiciosas y más motivadas por el reconocimiento social podrían calificar como una “vida mediocre”, pero que no tiene nada que ver con eso; en realidad he ido eliminando aquello que no me gustaba que formara parte de mi vida cotidiana, y me he ido quedando con lo que puedo disfrutar:
  • No tengo que coger el metro abarrotado en hora punta; voy al curro en bici, un paseito por callejuelas tranquilas del Madrid antiguo que me lleva apenas 15 minutos.
  • Trabajo entre tres y cinco horas diarias, lo cual me deja tiempo para tener vida propia no sólo los fines de semana.
  • No tengo un jefe que me sople la nuca, y mi tiempo trabajando es ameno, tratando con personas de manera distendida, e incluso pasando un buen rato con ellas hablando de nuestras cosas –en inglés, eso sí.
  • Además de las vacaciones de navidades y semana santa tengo dos meses de vacaciones en verano. Bueno, vacaciones auto-financiadas, o como popularmente se diría, paro; podría cogerme menos, pero elijo darme el gustazo.
Claro que estas elecciones tienen su precio: tengo que conformarme con un sueldo y un nivel de vida... austero. Pero no me siento privada; a medida pasa el tiempo me voy dando cuenta de que consumir es como una droga, o más bien un comportamiento adictivo, y mi maltrecho afán de consumo se va “consumiendo”cada vez más por el simple hecho de no alimentarlo.

Y disfruto mi frugalidad. Mucho.

martes, 7 de junio de 2011

Rescatadas 23

Recepcionista: ¿Has venido con el GPS?
Ángela (señalando a su chico): No; he venido con el hippy ese.

Pili, con tono afligido: Estuve matando hormigas en casa, Laura...
Yo: ¿Con pisontones, o con spray?
Pili: Con el dedo.
Yo: ¿Y les pedías perdón?
Pili: Claaro. (Quien conozca a Pili sabrá que sería verdad y todo)

Raquel: Mira, estoy embarazada
Sandra: Sí; ¿de cuántos botellines estás?

Cari: Yo no conozco Valladolid, pero la ignorancia es muy sabia...

Niña de cinco años, a su vuelta del Museo del Prado: ¡He visto un cuadro tan grande tan grande que el pintor se ha podido pintar dentro!

viernes, 3 de junio de 2011

Pon una pancarta en tu vida

Ayer fue mi cumple, y aunque tenía pensado escribirme un post de auto-homenaje, la pereza me pudo y el post no se materializó. Esta mañana mi hermano me ha mandado un mail acuciándome para que me ponga a ello de una vez por todas, y aquí estoy, obediente cual borreguillo.

¿Y qué es lo que me mantiene alejada de las letras, de vosotros? ¡La revolución, compañeros! No puedo quitarme de la cabeza el rollo del 15M; continúo informándome en internet a diario sobre cómo avanzan las cosas por aquí y en otros países, y no tengo apenas tiempo para dedicarme a otros menesteres. Pero claro, tampoco quería que Cotidianas se convirtiera en un panfleto social, así que he tenido que mantenerme alejada de estos lares.

Pero las masas me reclaman... pues esto es lo que hay.

Con lo bien que vivía yo en mi plácida inopia de ciudadana de barrio, con esto de informarme a diario voy indignándome cada día más; no es para menos tal y como está la cosita -y no me meto en detalles, que me da pereza. Además tengo la firme sospecha de que la indignación me está afectando al carácter; cada vez tengo menos paciencia en clase con los alumnos, o con los peatones que andan por el medio de la calle y no me oyen llegar con la  bici, y no se apartan hasta que llego a su altura y se lo pido por favor –pero cagándome en ellos por dentro. Lo sé, muy mal...

El caso es que el finde pasado me hice consciente de que de informándome no aportaba nada a nadie –casi lo contrario, visto lo visto- y que tenía que hacer algo positivo y constructivo con mi indignación, porque si todos estuviéramos involucrados “hasta las cejas” de la forma en la que yo lo estaba, esto no iba a ningún lado, y había que arrimar el hombro.

Al principio pasaba por Sol casi a diario, para apoyar el rollo con mi presencia, pero ahora soy de los que opina que habría que ir levantando campamento, que corremos el riesgo de que esta “energía solar” se estanque y se acabe extinguiendo; que debería ya transformarse e irse extendiendo a los barrios. Es por ejemplo muy curioso cómo a cincuenta metros de Sol ya no hay rastro visible de lo que se está fraguando; ni siquiera en los muros de Lavapiés, donde los grafiteros tienen el “spray ligero” hay huella de este movimiento; es como si fuera de Sol, Madrid siguiera inalterada, como si no pasara nada -con la que está cayendo.

Así que el finde pasado se me ocurrió cómo podía traer el espíritu al barrio: confeccionaría  y colgaría una pancarta de mi ventana –¡mi primera pancarta!- que pudiera servir de recordatorio para quien la viera, de que “estamos en ello”, de que debemos mantenernos despiertos y vigilantes, y de que queremos Democracia real YA, y no esta patética farsa.

Así que ya sabes; si quieres que la energía solar rule... ¡Pon una pancarta en tu vida!


Y en eso estamos. Una parte de mí se siente "una brasas" por no apearme del temita, pero esta es mi estantería, y pongo en ella lo que quiero ;)

lunes, 23 de mayo de 2011

domingo, 22 de mayo de 2011

Rescatadas de Acampada Sol

Estas son algunas de las frases rescatadas de las pancartas de Acampada Sol:

Oferta de empleo: País indignado busca políticos honestos. Abstenerse los actuales.

Que se bajen del Audi.

Madres orgullosas de esta juventud luchadora.

Fíate de un banco y dormirás en él.

Pienso, luego estorbo.

El gobierno rescata a quienes desahucian a familias.

Usad protector; vamos a tener Sol para rato.

Policía y trabajadores del orden y la ley sois bienvenidos a solidarizaros con el resto de trabajadores de esta acampada.

Me gustas democracia, pero estás como ausente.

Agradecida y emocionada, solamente quiero decir, gracias por venir.

Que gobiernen las putas, que sus hijos nos han fallado.

No somos antisistema; el sistema es anti-nosotros.

3ª juventud uníos. Sin vosotros nada. Sí a la voz de la experiencia.

Lo sentimos; aquí no hay un líder para poder derrotarnos.

¡Tío Pepe, la que te estás perdiendo! (Aludiendo a la desaparición temporal del tradicional anuncio de "Tío Pepe" de la Puerta del Sol de Madrid. Parida por César)

Ahora les toca a ellos tener miedo, porque nosotros ya lo hemos perdido TODO.

Tendréis mucho dinero, pero hay algo que nunca podréis comprar; un dinosaurio.


 Pili haciendo la estampa épica subida
a una papelera, y Cari sujetándola.

jueves, 19 de mayo de 2011

Como no sabían que era imposible, lo consiguieron

Jean Cocteau

Qué difícil escribir este post. Como sabéis quienes me leéis, no suelo meterme en temas políticos, pero no me puedo callar esto. Me cuesta encontrar el tono, me cuesta poner en orden todo lo que tengo en la cabeza y que me gustaría decir, después de una semana empapándome de información (sobre todo en Menéame, un sitio web basado en la participación de los internautas, que está que arde con el asunto del 15-M), leyendo artículos emotivos, elocuentes, conmovedores e incluso algunos indignantes, pasándome por la acampada de la Puerta del sol... Pero lo voy a intentar. Necesito poner mi granito de arena.

Hace casi dos años que no estoy al tanto en detalle de la política española; me deprime y me hace sentirme impotente. Pero no necesito ver las noticias en televisión o leer los periódicos y dar pábulo a las palabras de los poderosos, con su jerigonza y sus explicaciones vacuas (cuando las dan). Solo tengo que ver la vida a pie de calle; el pueblo, la gente, cada vez más jodida, cada vez tenemos menos, y una élite que cada vez tiene más. Lo que nos van quitando.

Tenemos que tener conciencia de “pueblo”, y aunque tengamos trabajo y techo y podamos vivir aceptablemente, debemos ser conscientes de todas las tropelías que estamos sufriendo como “pueblo”. Porque quizás seamos de los afortunados... hoy, pero ninguno estamos a salvo.

No podemos permitir que los más poderosos se salten las reglas del juego impunemente, y hasta nos las cambien en su propio beneficio, una y otra vez. Ya basta.  No es que no haya recursos (dinero) para todos, es que lo acaparan sólo unos pocos.

Y esos pocos no van a parar ellos solitos, porque la avaricia y la codicia no tienen fondo, y acabaremos sometidos a una suerte de esclavitud a una minoría cada vez más enriquecida.

¡Indignaos, porque hay que pararles los pies! De momento no dándoles nuestro beneplácito en las elecciones, porque está visto que no representan nuestros intereses, sino los suyos propios. Nos lo llevan demostrando muchos años.

Por eso se ha montado la acampada en la Puerta del Sol de Madrid, porque el pueblo ya no quiere seguir tragando. Comenzaron los jóvenes, y a ellos se han unido "indignados" de todas las edades y condiciones. Las concentraciones se han extendido por muchas otras ciudades españolas, y las últimas noticias son que el movimiento ha traspasado nuestras fronteras: hay ya concentraciones en varias ciudades de Italia, Portugal, Alemania, Bélgica, Holanda, Reino Unido, Argentina, Colombia... La lista se puede consultar en la página de tomalaplaza. Se ha liado; el pueblo se ha rebelado.

Os dejo un par de links de unas declaraciones de Cristina, una ciudadana de 46 años, en un programa RNE (en el minuto 47) y una entrevista a Jose Miguel, un acampado en la Puerta del sol de 19 años. No os lo perdáis.

Me cuesta expresar cómo me siento. Es emocionante. Se me llena el corazón de esperanza.


domingo, 15 de mayo de 2011

San Isidro; chotis, chulos y chulas.

Hoy es San Isidro, patrón de Madrid. Para gran desgracia de todos nosotros madrileños, este año ha caído en domingo, así que nos hemos quedado sin otra fiesta más (el uno de mayo, día del trabajador, cayó también en domingo, grrrrr....) En fin, que para ayudaros a aplacar el dolor de vuestros afligidos corazones, oh madrileños, y con motivo de nuestro santo patrón, voy a ilustraros con un par de perlas informativas de mi ilimitada sapiencia.

Perla de sapiencia namber guan:

Con todo lo madrileño y chulapo que es el chotis, baile típico de Madrid, su origen es en realidad centroeuropeo, y su nombre proviene de un gentilicio nada español; asomándonos al DRAE encontramos su etimología:
Chotis (Del al. schottisch, escocés).
 1. m. Baile agarrado y lento que suele ejecutarse dando tres pasos a la izquierda, tres a la derecha y vueltas.

Perla de sapiencia namber chu:

¿Sabéis acaso, piltrafillas, de dónde procede la expresión “más chulo que un ocho"? Vayamos primero al  DRAE (es devoción lo mío) a la definición de “chulo”:
 Chulo (Del mozár. šúlo, y este del lat. sciŏlus, enteradillo).
5. m. y f. Individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse.
Y ahora al lío: la castiza expresión “más chulo que un ocho” nació en el madrileño barrio de la ribera del Manzanares, aludiendo al tranvía que hacía el servicio entre la Puerta del Sol, en el centro de Madrid, y la pradera de San Antonio de la Florida, donde se celebraba -y se sigue aún celebrando- la Verbena de San Isidro. El tranvía en cuestión solía  ir cargadito de "chulapos" y “chulapas”, y era, lo habéis adivinado, el número ocho.


Aunque dando una vuelta por internet he topado con la, sospecho auto-pergeñada teoría de un inconformista sobre el origen de la frase: 
Siento deciros que ese no es el origen del dicho; su origen es matemático y continúa “...que de pie vale 8 y acostado infinito”.
No me la creo, pero es chula.

sábado, 14 de mayo de 2011

Un plan sorpresa

Hoy a la vuelta del curro, en la plaza de Agustín Lara he visto una rueda de hámster de como cinco metros de diámetro –o algo que se le parecía mucho, vaya. En seguida he deducido que sería para alguna actuación con motivo de San Isidro, porque en esta plaza hay con frecuencia conciertos, proyecciones de películas, mercadillos y demás divertimentos para nosotros, el populacho. Total, que he hecho un barrido visual de 360º y he detectado el cartel en el que anunciaban la actuación de unos acróbatas franceses a las nueve de la noche. Y me he dicho pa’mi: “Pues aquí que me vengo en un par de horitas a ver esto en qué consiste". Total, lo tengo a cinco minutos de casa.

Allí estaba a las nueve -a y cuarto en realidad; cuando no has quedado con nadie te puedes permitir el lujo de la impuntualidad. La actuación ya estaba empezada, y parecía que la plebe disfrutaba el espectáculo a juzgar por sus generosos aplausos, pero sin ánimo de quitar mérito a nadie, a mí no me ha impresionado mucho –probablemente porque estaba demasiado ocupada intentando hacer una foto decente con la escasa luz que había, a la vez que de vez en cuando buscaba con el rabillo del ojo a alguien con quien prefería no encontrarme.

Total... (que me lío con lo no importante) que cuando ha acabado la actuación me he quedado sentada en la plaza observando el gentío disolviéndose, y en eso estaba cuando he oído a mis espaldas un coro  proclamando a voz en grito: “¡Aquí estamos, somos los ateos!” Al girarme he visto una muchedumbre bajando Mesón de Paredes, portando una tetera roja de papel maché de considerables dimensiones –está visto que hoy era día de la desproporción.


Cuando han empezado a entonar: “Fuera religión de la educación” he atado por fin cabos: "¡Tate! -me he dicho- Esto va a ser la procesión atea esa que no les dejaron hacer en Semana Santa, que la han dejado para San Isidro". Y siguiendo sus cantos de sirenas, sin dudarlo un instante me he unido a la comitiva sin saber siquiera dónde iría a parar aquello.

Había allí gente de todas las edades, portando pancartas y hasta alguna bandera republicana, cómo no.  “Ni Dios, ni amo, ni estado ni patrón” –ha empezado a corear la prole. Y un poco más adelante: “Más cerveza, menos hostias”. Esta me ha encantado, así que he sacado mi libretita nueva (gracias Marta), y me he puesto a apuntar, como no podía ser de otra manera. 


 Entonces me he acordado de la manifa de la mujer de hace un par de años en la que también eché mano de mi libreta para apuntar algunas consignas que no podían caer en el olvido, y he recordado aquella de: “menos rosarios, y más bolas chinas”, “Esta vendría pintiparada” –he pensado para mis adentros. Y no ha sido ni dos minutos más tarde que una voz de mujer ha empezado a corear esa misma consigna, y la masa le ha seguido como Fuenteovejuna, voces femeninas y masculinas unidas, todas a una... “¡menos rosarios, y más bolas chinas!, ¡menos rosarios, y más bolas chinas!” Oh... ¡qué momento más emotivo!

El anticlericalismo y la irreverencia eran obviamente el meollo de la manifa, así que la gente no se ha cortado mucho: “Qué pena me da, qué pena me da, que la madre de Rouco no pudo abortar” o “¡Te han engañado, la virgen ha f*llado!”

Momento de tensión cuando hemos pasado por la Iglesia de San Lorenzo y la gente ha empezado a corear “Esa iglesia, la vamos a quemar”. Y me ha gustado, porque alguien de dentro de la manifestación ha dicho que no al grupo, como si hubiera cierta conciencia de no pasar algún límite, o de que la cosa dejara de ser festiva y cachonda... y se ha acallado esa consigna. Pero en seguida, un poco más atrás la gente ha comenzado a corear de nuevo: “¡Esa iglesia, la vamos a... okupar!” Me ha encantado la ocurrencia; en perfecta consonancia con el barrio.

Y bueno, la verdad es que tenía pensado contar otras cosillas, como mi encuentro con mis vecinos de al lado -a partir de ahora, "los ateos"-, o la interesante explicación de que portaran una tetera, o de cómo después de la lectura del comunicado final la gente esperaba turno para fotografiarse con la "tetera sagrada", o la bonita y conmovedora unión de barrenderos y nacionales, trabajando hombro con hombro al final del recorrido...


Pero no puedo más; doy aquí por concluida mi narración y me voy al sobre, que ya está bien, que mira qué tarde se me ha hecho, me cago en...

miércoles, 11 de mayo de 2011

Cosas materiales.

Siendo profe de inglés trato con muchas personas a quienes en mi círculo habitual jamás hubiera llegado a conocer; bien por la edad (niños o personas bastante más mayores que yo) o por su “círculo social”. Y les llego a conocer mucho más de lo que cabría pensar; en clase acabamos hablando de todos los temas imaginables; de lo que a cada uno le gusta, de lo que opina del mundo, de lo que hace los fines de semana...

A veces me llevo grandes sorpresas con las personas que conozco, como cuando di clase a un pez gordo de BMW; aquel hombre no mediría más de un metro cincuenta y cinco, tenía una voz que parecía que estaba perpetuamente afónico, votante del PP... y un tipo encantador; inteligente, con un sentido del humor genial, sensible... era un auténtico placer darle clase. Aún no logro explicarme lo de que votara al PP; prejuicios que tiene una.

O Maite, una alumna de cincuenta y pico cuyo nacimiento conté aquí; escucharla era deleitarse con su sencilla sabiduría. O un grupo maravilloso que tuve, de seis chicas adolescentes en sus catorce, quince años, a cual más maja: todas listas, graciosas/puñeteras y muy, muy buena gente. Era muy interesante compartir sus historias y recordar cómo era tener esa edad.

No siempre tengo experiencias positivas –aunque afortunadamente son las más. Recuerdo hace un par de años un alumno, torpe como él solo para la gramática y a quien no fui capaz de hacer pronunciar de una manera medianamente inteligible. Pues este individuo se deleitaba viniendo a clase con alguna palabreja extraña que había sacado de algún periódico o libro, y me la intentaba colar con calzador a la mínima ocasión. Si yo no conocía la palabra –como sucedió en algunas ocasiones- se le encendía la cara de gozo; no me extrañaría que al llegar a casa usara el recuerdo de su “triunfo” como inspiración en sus pervertidas prácticas onanísticas.

Tratar con tanta gente me ofrece una visión del amplio abanico de fauna humana que hay por ahí; y hay especímenes bastante peculiares –cuando menos. Este año tengo a Marcel, un alumno de mi edad o quizás unos años más joven, majete, pero con una personalidad algo “infantil”, y cuyo fantástico plan tooodos toditos los sábados es ir con su novia a un centro comercial a comprarse algo para sí mismo. Aunque no necesite nada. Va a mirar, a ver qué se puede comprar, y siempre cae algo. Todos los sábados del año -enriquecedor hobby. ¿¿No se aburrirá de hacer lo mismo todos los fines de semana?? ¿No se hartará de comprarse cosas? Tengo que preguntarle si de vez en cuando hace limpieza para deshacerse de corotos, porque si no, dios mío cómo tendrá la casa.

Aparte de ir de compras –o como un ejemplo más, supongo- a Marcel le flipan los relojes. Tiene cinco, imagino que carísimos, guardados en una caja especial para relojes. Cuando cierto día hablamos de el tipo de libros que nos gustaba leer, él dijo: “Bueno, yo no leo libros, pero leo revistas. De relojes” Aha... fascinante. Yo es que el tema de los relojes no lo acabo de pillar, lo reconozco.

El caso es que el otro día no me pude resistir, y para picarle un poquillo –y porque en clase de inglés cualquier excusa es buena para hacer hablar a los alumnos- le dije: “Oye, imagínate que te pudieras tomar una pastilla que te quitara tu afición por los relojes; ¿te la tomarías? ¡Porque imagínate la de dinero de que te ibas a ahorrar! Y podrías disponer de toda esa pasta para viajar, por ejemplo ¿no?” “Ya –me contestó muy seguro- pero es que a mí me gustan las cosas materiales.”

No sé si se me notaría en la cara lo que yo opinaba al respecto; intenté no mover el gesto ni un ápice y seguir mirándole como si nada, invitándole a continuar hablando. Y continuó: “Porque te vas de viaje y luego vuelves y ya no tienes nada. Sin embargo yo tengo mis relojes en mi caja, y cuando quiero la abro y los miro, y ahí están siempre.” Aha...

 Me le imagino cada noche: “Las doce y diez, las doce y diez, las doce y diez, las doce y diez y las doce y diez. Vale, todo en orden.” Besito, besito, besito, besito, besito, cerrar la cajita y a dormir. A soñar con los relojitos. Tic, tac, tic, tac...

sábado, 7 de mayo de 2011

Fase silente

La gente empieza a preocuparse por mi ausencia bloguera, me lo manifiestan por vías varias, y yo siempre digo lo mismo; “No me pasa nada, es solo que no me apetece escribir”

Pensé que había recuperado las ganas cuando tras una larga pausa publiqué el post de mi vecino el Adonis –a quien por cierto, no he vuelto a ver- pero luego me fui de vacaciones de Semana Santa, y de no estar sola ni un rato en diez días -y los últimos éramos nada menos que catorce personas- volví con ganas de estar en mi propia compañía, de tener espacio personal y paz mental. En este último par de findes me he relacionado socialmente tirando a poco, y lo estoy disfrutando.

Pero vamos, que esto ya me lo sé, que yo voy por fases; como cuando me dio la fase creativa recientemente, o cuando tengo fases en que no leo... pues ahora no escribo. No solo porque estoy perezosa, sino que además estoy poco comunicativa -pero estupendamente, vamos.

Aún así tengo muchos posts pensados, y cuando me entren las ganas empezaré a parirlos, pero sé que hacerlo ahora sería condenarme a un parto difícil, y yo no me haría eso a mí misma -aunque ya voy teniendo ganillas de que suceda, la verdad.

En fin, que hasta entonces os dejo con un viejo amigo... ¡Por fin le pillé in fraganti! :D

sábado, 16 de abril de 2011

Rescatadas 22

No hay nada que me joda más que los monólogos. ¿un tío que escribe tonterías? Las tonterías son para decirlas, no para escribirlas- Dani Bro

Cari: ¿A que es guay cuando conocemos personas?
Pili: Sí tía, ¡es que somos islas!
Cari: ¡Laura, eso no! –al verme sacar la libreta- Hija de puta; es lo peor de la puta sociedad.

Nadie dijo que el humor tuviera que ser gracioso... –Yo

Carlos, alumno de 10 años, sin que viniera a cuento y sin acompañarlo de ningún movimiento: Yo me coloco como en la india.
Yo: ¿Quée?
Carlos: No; quería decirlo...
(¿?)

¿Cómo se llama un atracón de chuches? Una gomilona –Cari-


martes, 12 de abril de 2011

El Adonis (nuevo vecino 2)

Unos minutos más tarde, cuando salía yo por la puerta para ir a currar, seguía oyéndose el trasiego de la mudanza en las escaleras. Estaba echando la llave cuando oí a mis espaldas una voz masculina: “Hola...”  Me giré, y lo que me encontré fue... tremendísima aparición.

Un auténtico adonis se erguía ante mí; musculado en su punto justo, con una camiseta de tirantes blanca, todo él brillando y refulgiendo por el sudor... y guapo el jodío hasta decir basta. Como para mostrar su gran potencia muscular, llevaba una bombona de butano en cada mano como el que no quiere la cosa, y no se le ocurrió soltarlas en todo el rato que estuvo hablando conmigo -me gustaría pensar que estaban vacías.


 -Oye –me preguntó como si no fuera la encarnación de un dios griego- ¿a ti te han robado?
-¿¿Cómooo??
-¿No te han robado a ti, anoche?
-Nooo... no me han robado, ¿por qué? –le pregunté más que extrañada.
-Porque me han dicho que habían robado en la casa de alguien.
-Ah, pues no, a mí no...
-No roban aquí, ¿no? (¿cuántas veces se puede decir “no” en una primera conversación de escalera? Pues aún iba a haber una más.)
-Hombre, pues que yo sepa no. ¿Qué eres, el nuevo vecino? -le pregunté sonriente y arrebolada.
-Sí –sonrisa profidén con chispita de brillo en un diente... ¡ching!
-Bueno, yo me llamo Laura, ¿Cómo te llamas tú?
-Hugo

Así que el adonis se llama Hugo. Dudé de si darle los dos besos de rigor, pero estando como estaba tan sudoroso, y con una bombona colgando de cada brazo, no me pareció lo más indicado. Lo que sí hice fue regresar a la realidad más... mundana, y comentarle la gotera que las obras habían hecho en el techo de mi cocina y baño, interesándome amablemente sobre cuándo se pondría remedio a tan peliagudo asunto.

-Ah, bueno, pero eso lo tienes que hablar con el  dueño; un chico delgado que verás por aquí.
-Vale, muy bien, pero coméntaselo, si te parece- le dije con una sonrisa probablemente bobalicona.

Y bueno, intercambiamos unas pocas frases más y nos despedimos.

Mientras sacaba mi bici del patio pensaba que menudo pimpollo reventón que me había tocado por vecino, a la vez que comenzaba a especular sobre las nuevas líneas de investigación que las últimas conversaciones con el vecindario habían abierto ante mi: ¿Estaría mi tocaya llorando porque le habían robado a ella? ¿Vivirán el adonis y el chico delgado en el apartamento-ático? ¿Serán pareja, pues? Todo un mundo de incógnitas y posibilidades se abre en mi escalera.

lunes, 11 de abril de 2011

El nuevo vecino 1

Estaba el viernes pasado plácidamente leyendo cuando sonó el teléfono; era Jorge, mi vecino, el que vive a ocho escalones de mi casa. La conversación fue como siempre; él me pasó su cuestionario, y yo intenté seguirle el rollo y hacer como que sus llamadas me parecen algo natural, y como que somos colegas: “Qué tal todo, qué tal los papis, cómo va el trabajo -me preguntó, como siempre. Luego pasó a las preguntas improvisadas: ¿Y los caramelos?” (se refería a aquella bolsa de caramelos para mi tos que me dio hace ya la intemerata de tiempo, y que sabía yo que iba a traer cola).

- ¡Huy Jorge, los caramelos! ¡¿dónde estarán ya?! Jajaja. 
- Bueno, que me debes un café -me dijo, como tantas otras veces.
- Sí, –le contesté despreocupada- un día de estos... 
-¡¡¡JAJAJAJAAAA...!!! -soltó una tremenda risotada, que me desconcertó sobremanera y me hizo preguntarme: "¿¿¡wtf!??" Luego continuó a lo suyo: Pues cuando estaba subiendo las escaleras he oído a... ¿cómo se llama la del primero?
-Laura.
-Ah, pues he oído a Laura que estaba llorando...
-Esto... –¿qué coño comento yo a eso, Jorge? Que eso se lo guarda uno para uno, que no nos conocemos tanto...- Vaya, pues esperemos que no sea nada serio... (yo que sé...)
-Ya... ¿Has visto los nuevos vecinos?

(Breve inciso: el piso de arriba del mío, en el que vivió la p*** alemana y el presunto traficante húngaro, ha cambiado de dueño, y durante este último mes mi despertador ha sido el persistente y muy irritante golpeteo de los obreros desde horas harto tempranas para mi buen descanso -incluyendo sábados, domingos y fiestas de guardar.)

-¿Los de las obras? No, aún no he tenido el (dudoso) placer...
-Pues están haciendo la mudanza, ¿no les oyes por las escaleras?
-Ah, sí, ¿son ellos entonces?

Fue en definitiva una conversación bastante similar a los cienes de conversaciones que hemos tenido en estos muchos años; todas ellas con sus pequeños toques desconcertantes a la par que pseudo-entrañables.

Unos minutos más tarde, cuando salía yo por la puerta para ir a currar, seguía oyéndose el trasiego de la mudanza en las escaleras. Estaba echando la llave cuando oí a mis espaldas una voz masculina: “Hola...”  Me giré, y lo que me encontré fue... tremendísima aparición.