jueves, 21 de octubre de 2010

Flecha y Yoda

Para los que paséis de  los animales y no le encontréis la gracia a mis narraciones sobre Flecha y Yoda –Hola, Pacopepe...- tenéis que entender que estos son ahora mi familia; los seres con quienes comparto mis días... y es imposible que no salgan aquí con cierta frecuencia.

Además como no tengo tele, son como mis dibujos animados de carne y hueso. Me siento,  les observo interactuar, y así paso el tiempo tan entretenida. Ahí van un par de vídeos para que veáis a qué me refiero.


lunes, 18 de octubre de 2010

Una lección de estoicismo

Como buen hurona que es, a Flecha le encanta fisgar por todos lados; en cuanto abro algún armario se lanza a olisquear lo que normalmente le es inaccesible. Por eso el viernes pasado, cuando abrí mi cama abatible para rebuscar entre la ropa de invierno –aún tengo pendiente el dichoso “cambio de armario”- le faltó tiempo para meterse a huronear entre la ropa de cama, toallas y demás cosas que guardo en el canapé. Yodita, que también andaba por allí, se unió a la exploración –Flecha le suele hacer de guía en los divertimentos de la casa- y allí estuvieron los dos, ora husmeando, ora jugueteando en aquel espacio normalmente inaccesible para ellos. Yo estaba encantada de verles ahí, compartiendo juegos como dos hermanitos bien avenidos, y les dejé la cama abierta un rato mientras acababa de arreglarme.


Cuando llegó la hora de salir de casa, puse fin al divertimento de ambos, y llevé a Flecha a su cuarto. Aunque poco a poco he perdido el miedo a que alguno de los dos salga herido en una interacción un poco más efusiva de la cuenta, todavía prefiero evitar la ocasión, y me quedo más tranquila si  en mi ausencia tienen una puerta de por medio; más de una vez he oído un bufido de mala leche de Flecha o de Yoda, y he tenido que mediar entre ellos. Además iba a pasar la noche fuera, y eran demasiadas horas para que estuvieran ahí los dos sin supervisión materna.  En fin, que tras dejar a Flecha en su sitio, cerré la cama, cogí el bolso y me piré.

Al volver a casa al día siguiente sobre el mediodía me extrañó que Yoda no viniera a recibirme, y no verle por el salón. Fui a mi habitación a dejar el bolso y demás, y supuse que me le encontraría dormido en la cama, pero allí tampoco estaba. De repente oí su maullido. “Anda mira, ya no solo maúlla para pedir comida” –pensé- Pero ¿dónde está?” Le oía muy nítidamente, pero por más que miraba por todos los rincones, no conseguía verle. Agucé el oído y por fin me pareció descubrir la procedencia de los maullidos... “oh-oh... aquí hay gato encerrado” Abrí la cama, y efectivamente, de allí emergió el pobre Yoda.

Todo el sentimiento de culpa del que soy capaz se agolpó en mi alma cuando me di cuenta que el bichejo había estado allí encerrado casi veinte horas. Hasta que vi que el tío estaba tan pichi;  aparte de que salió desperezándose, ni corrió a beber, ni se había meado ni cagado dentro... ninguna evidencia de padecimiento. Yo creo que cuando vio que no podía salir entró en modo hibernación. Cuando oyó ruido fuera despertó del trance y a maullar. Y ya salió tan ricamente.

Desde que Yoda está en casa me he dado cuenta de que los gatos son de lo más zen...  haríamos muy bien en aprender de ellos.

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Qué realidad?

Esta mañana tenía un mensaje de Amnistía Internacional en mi bandeja de entrada del correo electrónico. El asunto rezaba: “Laura, descubre la realidad que te rodea.” "No, perdona –he pensado indignada- ¿tú qué me vas a decir la realidad que me rodea? Eso te lo diré yo a ti, si acaso”. Ni siquiera lo he abierto, de lo que me ha jodido.

Llevo casi un año sin televisión, y tampoco leo los periódicos, así que no me entero de las noticias hasta que alguien me las comenta. Ayer por ejemplo hablando por teléfono con mi madre, me dijo: “¿Sabes que ya han empezado a salir los mineros chilenos?” “¿Qué mineros chilenos?" –le pregunté yo extrañada. Y claro, la extrañada entonces fue ella; no se podía creer que no me hubiera enterado de nada del tinglado este.

Lo cierto que le noté encantada de ponerme al día del tema; ¡imagínate, una mente virgen en la que verter toda la jugosa historieta minera! Unas horas más tarde, visitando un blog que sigo, me topé con una imagen de un antiguo juego de ordenador al que solía jugar, lemmings, transformado para hacerle simular la mina y el rescate. Y pensé: “Ah... sé de qué va esto...” toda ufana de que no me hubiera pillado in albis. Luego por la noche había quedado con Iñaki, y de algún modo volvió a salir el tema, y él añadió algunos datos que  yo aún no conocía. Y mira, ya estoy informada, ¿para qué quiero más? Cuando hay algo lo suficientemente importante, me acaba llegando de alguna manera. Y si no me llega es que no era tan relevante, y eso que me ahorro.
A veces me avergüenzo un poco cuando la gente comenta cosas –sobre todo de política- y no tengo ni flores de lo que me están hablando. Perdidita del todo. Pero ya he encontrado la forma de justificarme: “No; es que estoy haciendo un experimento, a ver cómo de desinformada puedo estar.” Y no es exactamente eso, pero lo cierto es que la gente lo entiende bien así.

Creo que de alguna manera la realidad la "determinamos" nosotros, y dependiendo de la información a la que atendemos, tenemos una noción u otra de ella. Y yo no quiero pensar que la realidad es lo que me cuentan por la tele o en los periódicos; quiero vivir en la realidad “directa”, la que veo a mi alrededor: mis vecinos, mi barrio, mis colegas, mis compañeros de curro, mis alumnos, el lechero, el cartero... la realidad de mi vida cotidiana.

domingo, 10 de octubre de 2010

Recompensas

Estos últimos días del verano cogí la costumbre de acercarme en bici al parque de los perros a última hora de la tarde, con mi mantita de picnic y un libro, para disfrutar los últimos rayos del sol al aire libre.

Uno de esos días que estaba tirada en el césped leyendo vi un niño como de siete u ocho años, bangladesh o indio, que caminaba hacia mí. Supuse que me iba a preguntar la hora, y le seguí con la mirada con curiosidad mientras se acercaba. Al llegar a mi altura se dirigió a mí: “Señora… -empezamos mal- me podría prestar la bici para dar una vuelta?”

Estoy acostumbrada a que me pidan la bici los tíos en el barrio - casi siempre negros y marroquíes- supongo que como forma de iniciar un torpe flirteo. Y no me cuesta en absoluto sonreirles de buen rollo y con cualquier razón improvisada decirles que no. Y me quedo tan ancha, oiga. Pero jo, un niño…

Yo pensaba; este pobre, que le apetece darse una vuelta en bici, ¿y yo le voy a negar el gusto? Pero claro, es que cualquiera se fía. “Pero… no te vas a ir lejos, ¿no? Te vas a quedar por el parque, que yo te vea…” Y mientras se lo decía, me decía a mí misma que si al chavalín le daba la gana se podía poner a pedalear a toda leche, pasarle la bici a un adulto forajido y dejarme a mí con dos palmos de narices presenciándolo todo. El niño debió de leer la expresión en mi cara, e interrumpió mis cenagosos pensamientos: “Yo nunca he robado nada.”

Me desarmó tanto su franqueza tan inocente y sin rodeos que no pude resistirme; “Veeenga, vaaleee…” Le bajé un poco el sillín, el niño se montó en la bici –enorme para él- y se puso a pedalear con dificultad pero alegremente. Mientras se alejaba yo no podía evitar seguirle con la mirada, pensando “imagínate que no vuelvo a ver a Mi bici, la cara de gilipollas que se me iba a quedar.” Cada vez que perdía de vista al niño me inquietaba, para luego sentir gran alivio al verle reaparecer. Al cabo de un ratillo de inevitable zozobra me empecé a tranquilizar pensando que si hubiera querido darse a la fuga ya lo hubiera hecho, y con este argumento me forcé a mí misma a relajarme y seguir con mi lectura.

Al cabo de unos minutos el niño volvió, se bajó de la bici como pudo y me dio las gracias con una sonrisa satisfecha. Mantuvimos un breve intercambio de frases en que me comentó que el último día que le habían prestado una bici, era tan grande que se había hecho daño “aquí” -mano en la entrepierna. Antes de despedirnos le dije que si otro día me veía por allí, que me volviera a pedir la bici, y el niño se fue trotando alegremente hacia donde vi que estaban su madre y su hermano.

El sol ya se estaba poniendo y empezaba a refrescar, así que recogí el “ranchito” y me monté en la burra. Cuando iba a empezar a pedalear, una chica como de mi edad que había presenciado todo se dirigió a mí:

-¿Qué ha dicho el niño? ¿Que no te la iba a robar?
-No; que nunca había robado nada. Qué majo, pobre… -contesté conmovida recordándolo.
-Sí, claro, como para fiarte. Porque claro, no son ellos, son sus padres, que los ponen a robar, y luego… -blablabla quejumbroso durante un buen rato. Yo esperando el momento de cortarla.
-Ya, pero mira, este niño lo único que quería era darse una vuelta en bici, y yo… yo me vuelvo a casa con una alegría de haberme fiado y que me haya salido bien, y él se ha dado su vuelta en bici, y todos tan contentos.
-Sí bueno, porque has tenido suerte. Pero yo el otro día en la T4, se me acercaron unos chicos y… - más blablabla de tía amargada.
-Bueno –le interrumpí- que yo tengo que irme…

Y allí le dejé con su mal rollo; a mí que no me enturbiara mi alegría una blablablera resentida.
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El caso es que ayer me acordé de esta historia, porque después de casi tres semanas, Cristina, la rescatadora del gato, se pasó por mi casa para hacer una visita a Yoda y de paso devolverme los 20€ que me había pedido prestados. Huelga decir que la pasta es lo de menos, pero me da mucha satisfacción y mucha alegría confiar en alguien, y en contra del pronóstico de muchos, no ser defraudada.

Además me da argumentos para seguir confiando.

martes, 5 de octubre de 2010

Doble primera experiencia ciclo-hélica

Aunque el insigne acontecimiento fue el domingo, me ha llevado un par de días encontrar la manera de publicar el vídeo, pero más vale tarde que nunca.

Con todos ustedes
la lista...
           la maja...
                      la graciosa...
                                        ...¡LAURA COTIDIANAS!



PD: Observese la duración del vídeo o_O Para los que no lo sepan, el 32 me persigue.
PD2: Desafortunadamente en cuanto se le da al play, la duración pasa de 1:32 a 1:31 :(

viernes, 1 de octubre de 2010

Rosa pedo.

Probablemente recordaréis aquel anuncio de Ausonia en el que aparecía una mujer vestida de rojo que decía "Hola, soy tu menstruación"... La asociación de ideas era burda -rojo/sangre menstrual- pero era ciertamente fácil de captar.

No puedo decir lo mismo del tipo del anuncio de Aero-red que vi ayer en una farmacia del barrio. Los comprimidos estos son básicamente para no tirarse pedos... Entonces ¿¿¡Por qué hay un señor con una especie de buzo color rosa, y con boca de estar diciendo "oh" ??! ¿¿¿Qué representa??? ¿A alguien se le ocurre una interpretación plausible?

Quizás sea cierta aquella máxima de la publicidad; si no entiendes el anuncio, es que no va dirigido a ti.

jueves, 30 de septiembre de 2010

El chino underground

Yo iba a este chino cuando nadie lo conocía y sólo había chinos comiendo.  Pero entonces se puso de moda, y ahora está petado de gente española… y ya no es tan auténtico.

Imagino que a las personas que  conocieron este restaurante desde el principio les encantará hacer alarde; yo no podría evitarlo, pero en realidad cuando yo lo conocí hace como cinco años ya era bastante popular. Aún así hubo algo de él que me moló.

El chino en cuestión está en los bajos de un aparcamiento de Plaza de España, y como el nombre no está traducido al español – aunque he averiguado que en chino se llama “paisaje” - la gente lo llama de una gran variedad de maneras: el chino de Plaza España, el chino underground, el chino del subsuelo, del submundo, del inframundo… ¡hasta lo he oído llamar el chino de Blade Runner!

Aparte del nombre, por lo demás no tiene aspecto de restaurante chino, sino más bien de bareto cutre español de los de toda la vida. Decoración, cero. Bueno; en una esquina tienen una tele sin voz en la que ponen vídeos de karaoke en chino. Es pequeñujo; apenas tiene nueve mesas y dos o tres taburetes en la barra donde suelen estar los chinos –nunca españoles- comiendo, con el bol casi pegado a la barbilla.  

Como es tan popular y es tan chiquitujo, a la hora de la comida se suele formar cola fuera, pero todo va bastante rápido: de hecho el tiempo de espera no es tiempo perdido, porque una camarera –la de la camiseta a rayas de la foto- sale con una hoja con el menú, y te va tomando nota.

Cuando por fin entras, te sientan en una mesa, muy, muy cerca –o pegada- a otra, y es como si estuvieras comiendo con completos desconocidos. El servicio es muy rápido, pero no esperes amabilidad y sonrisas; se está para lo que se está: llenar la panza y pirarte sin sobremesa ni leches. Y si quieres ir al baño… pues no hay baño, ¡Tienes que usar los baños del aparcamiento! Minimalista todo, vamos.

Respecto a la comida… pues está buena y es muy abundante. Y nada de rollitos de primavera, salsa agridulce y esas cosas que se encuentran en los chinos  "de siempre" decorados con cuadros de cascadas y dragones negros sobre fondo rojo, sino comida china de la que comen los chinos. Y si no te acabas tu plato, puedes pedir que te preparen el resto para llevar.

Pero francamente, yo no creo que sea la comida lo que ha hecho famoso a “Paisaje”, sino toda la experiencia pintoresca y “underground”, que además de sorprender y divertir, hace que quien vaya se sienta como si fuera un gran entendido por conocerse los entresijos de Madrid.

Así somos, ¿no?

martes, 28 de septiembre de 2010

Libro de colorante del cabrito

Estaba yo buscando en google una mandala chula para cambiar un poco la decoración del salón, y hete aquí que di con "El libro de colorante de la mandala":


¡Me encantan estos chinos y sus traducciones!

lunes, 27 de septiembre de 2010

Yoda: el final de la historia

Ayer recibí la llamada diaria de Cristina -desde que Yoda está en casa me llama prácticamente todos los días; me voy a ganar el cielo con la “operación gato” esta.

-¿Qué tal el gatito?
-Pues bien. Acabo de darle la pipeta del desparasitador. El pobre ha puesto una cara de asco horrible, y hasta le ha salido como espuma por la boca.
-¿¡¡Cómooo!!? ¡¿Que se lo has dado en la boca?!
-Sí, claro…
-Pero si eso es para dárselo… por detrás.
-¿¡Por detrás?! ¿Cómo que por detrás? -Yo estaba segura de que a mí nadie me había dicho nada en el veterinario de meterle al gato nada por detrás.
-Sí, ¡eso en la boca no es!
-¡¿En serio?! –el tema se ponía feo- Oye, te dejo ahora mismo, que voy a llamar al veterinario.

¿Y yo cómo iba a saberlo?

Como eran las dos de la tarde pasadas, pensé que el veterinario estaría ya cerrado, así que llamé a Carmen, de la asociación. No lo cogió y le dejé un mensaje: “Mira Carmen, que le he dado el stronhold al gato en boca, y Cristina me ha dicho que se la tenía que haber dado… -y pensé: ¿para qué andarme con eufemismos absurdos?- …por el culo. Y no sé qué hacer ahora. Voy a intentar contactar con el veterinario a ver qué me dice".

El veterinario, me informó de que el “desparasitador” se echaba, de hecho, en la parte de atrás del cuello –no sé si Cristina se había expresado mal, o estaba equivocada- para que el gato no alcanzara a chupárselo porque es altamente tóxico. Y yo se lo había echado todo al coleto, hasta la última gota. Con voz de circunstancias el veterinario me dio instrucciones de que observara al gato toda la tarde, y a la mínima cosa rara –convulsiones, levitación…- le llevara urgentemente al veterinario.

Carmen también me llamó; había oído el mensaje que le había dejado. “Mira Laura, no es tu culpa, es un error y ya está. Piensa que a estos gatitos les cogemos de la calle, y a algunos les podemos salvar y a otros no, así que no te culpes si al gato le pasa lo peor.” Yo le agradecí de corazón el apoyo, y que no me reprochara mi crasa equivocación, pero me sentí destrozada cuando colgué, y no podía dejar de pensar que quizás me había cargado al pobre Yodita.

En toda la tarde no me moví de casa para estar pendiente de cualquier síntoma. Vi en su bandeja una caca como blanca y rara, con la comida a medio digerir y pensé que se había ido por la pata abajo por el veneno, y que lo había echado así. Por lo demás parecía estar bien; jugaba, comía, incordiaba a Flecha…

Pero ya sobre las diez de la noche oí unos maullidos lastimeros en el baño-a pesar de que nunca maúlla- y  al ir le vi vomitando al pobrecito, en la bandeja. Y entonces me di cuenta de que lo del mediodía había sido otra pota, no caca. También vi después una pequeña potilla sobre mi cama… y no sabía si salir a buscar un veterinario de urgencia, porque Yoda parecía estar más o menos bien, activo y espabilado, y además el veneno ya tenía que estar más que digerido -habían pasado diez horas- y no pensaba que el veterinario pudiera hacer mucho.

Por supuesto a lo largo de la tarde recibí tres o cuatro llamadas de Cristina interesándose por la salud del pobre bichillo, ofreciéndose a acompañarme si le tenía que llevar al veterinario. La verdad es que no me molestaba; era como no estar sola en mi preocupación.

Me costó bastante irme a la cama y dejar a Yoda en el sofá -que es donde le gusta dormir- y unas cuantas veces me desperté por la noche y fui al salón a ver si seguía bien. O sea, vivo. Afortunadamente ninguna de las veces noté nada raro, y por la mañana le vi como una rosa y supe que el peligro había pasado.

Supongo que ahora ya sólo le quedan 6 vidas.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Yoda

En la semana que lleva en casa Yoda -que así es como se ha acabado llamando el gato- ha desplegado  ante mis ojos y los de una perpleja Flecha, muchas de sus felinas facetas. La que más le gusta ejecutar es la de experto cazador de ratones:




Y alguna vez también ha sacado su faceta de gato callejero/HP, mostrando sus garras como diciendo: "A ti que no se te olvide que con todo lo mono y dulce que pueda parecer... tengo esto."  Mírale, si parece Freddy Krueger.

Para compensar tanta bravuconería, no ha dudado en mostrar su faceta de hot motherfuckin' sexy pussy: "Mmhhh,  ¿Qué te parece lo que ves?"


Pero sobre todo,  poco a poco y subrepticiamente se está haciendo el amo de la casa. Lo de las jerarquías se lo pasa por el forro, y a la pobre Flecha la tiene un poco frita.

He intentado subir un vídeo ilustrativo, pero me ha resultado imposible -y es una pena, porque el vídeo mola. Al menos pondré unas fotos representativas, que reconozco que no son muy allá, pero es que conseguir una foto con los dos que no salga movida, no es tarea fácil. Porque fotos de ambos durmiendo dulcemente acurrucados el uno junto al otro... pues no las hay.

Así están las cosas:

sábado, 25 de septiembre de 2010

El gatito- parte zrii

Aunque no iba a recoger al gato hasta la tarde, había acordado con Cristina que me pasaría por su casa sobre las dos para dejarle el dinero, por si lo necesitaba.

“Ah, pues no; no te conozco” me dijo nada más abrirme la puerta. A mí tampoco me sonaba su cara; era una mujer de unos sesenta y cinco años, de aspecto agradable, con unos ojos muy azules que expresaban no sé muy bien si serenidad o resignación. Me invitó a pasar. La casa olía a gato, y estaba un poco dejada, pero tampoco me fijé mucho, porque mi objetivo era ver el bichillo.

Entré en el baño y ahí lo vi, escondido detrás del váter; un pequeño gremlin flaquito y patudo, con pocas ganas de socializar. Muy al contrario de su rescatadora, que no me iba a dejar que me fuera sin pagar mi peaje de conversación, y me tuvo secuestrada un rato en la cocina interrogándome sobre mi familia, a ver si me situaba. Para darle alguna referencia fácil -y que me liberara cuanto antes- le conté que mi abuela también vivía en la misma calle, en el número once:

-Iba en silla de ruedas los últimos años, así que a lo mejor les viste a ella y a mi madre paseando por la calle.
-¡Yaaa…! -dijo echando la cabeza ligeramente para atrás- Me parece que sé quién es. Tiene una hermana, tu madre ¿no?
-Sí; ella también vive en esta calle, claro, en el número 15, me había olvidado…
-Pues creo que ya sé quién es. Charlé yo con ella en una ocasión; una mujer muy agradable.
-Sí, bueno, es muy maja… pero no sé si es la que tú dices, porque mi madre no es muy sociable, así, con gente que no conoce, no sé…

En cualquier caso, y para mi gran alivio, ya con una hipótesis sobre mi procedencia genealógica, me dejó irme en paz.

Volví sobre las siete de la tarde para llevarme al gremlin, y me dejé acompañar por mi madre, que también tenía curiosidad por confirmar su propia hipótesis sobre quién era esta mujer –que necesitaba dinero prestado y que según ella no me iba a devolver. Como si me importara. Cuando se vieron, las dos dijeron al unísono algo así como: “Ah…¡sabía que eras tú!” Si es que el mundo es un gran kleenex cósmico…

Cristina no nos invitó a pasar -creo que no quería que mi madre viera su casa-  y me entregó todo el kit gatuno en la puerta; bandejas, comida, mantita, medicinas… Me dejó que me llevara a su protegido con más reticencia que otra cosa “¿Te importa que te llame para ver cómo está?” “No, claro que no me importa, faltaría más” ¿Y me dejarás ir a verle alguna vez?” “Cuando quieras” E inmediatamente me dí cuenta de lo que acababa de oírme decir.

Bajando las escaleras, mi madre llevaba al gatito en la bandeja con la manta, metido en una bolsa grande. Iba asomado, mirándolo todo con sus enormes ojos azules. “Mamá, sujétale un poco, no le dejes asomarse, a ver si va a…” Y el gatito pegó un salto al suelo que yo, haciendo alarde de mi fantástico sistema psicomotriz, intercepté en el aire. Con el susto, el pobre gato intentó escaparse haciendo uso de sus uñas, y como eso no le sirvió, me arreó un tremendo bocado en el dedo. Yo notaba cómo me traspasaban sus dientecines como alfileres. Los segundos pasaban muuuy leentooos, “¡¡¡AAAAH…!!!” y el muy cabroncete no soltaba. Hasta que se me ocurrió abrirle la boca con la mano libre para desengancharle, porque aquello… pues dolía tirando a bastante -aunque tampoco es que dejara de doler cuando ya no tuve el gato colgando del dedo. En poco tiempo se me puso como una morcilla, y no lo podía ni doblar de lo hinchado que estaba.

Ya en el coche de camino a casa iba mirando al gatito, y la verdad es que le veía tirando a feillo –y no sólo porque el dedo me doliera un huevo: “Mírale, el pobre, si parece ET con esos ojos tan saltones. Le voy a llamar E.T.” “¿Y por qué no le llamas HP?” –sugirió mi padre con muy mala uva.

“Pues sí; no está mal traído el nombre…”

viernes, 24 de septiembre de 2010

Un gatito en acogida -segunda parte.

Cuando volví de Conil y llamé a Cristina para ir a recoger al mini-minino en seguida me di cuenta de que las cosas habían cambiado notablemente:

- Hola Cristina, que ya he vuelto de vacaciones y mañana voy a comer a casa de mis padres, así que si te parece me paso por allí a recoger al peque.
- Ah… pero pensaba que volvías el domingo…
- Pues no; volví ayer viernes.
- Ah, pero es que… el gatito está malito y… (blablabla…)
-Aha…
-Y blablabla…
-A ver Cristina –le dije divertida- me parece a mí que te has encariñado con el gatito, ¿no?
-Es que es tan bonito y tan bueno… pero no me le puedo quedar, porque tengo otros dos, y blablabla…
-Mira; tú piensa lo que quieres hacer y me llamas en unos días, ¿vale?

Y en eso quedamos.

He de decir que en un par de conversaciones con ella –y alguna más extra que se coló por ahí-  la buena mujer se las había apañado para informarme sobre su vida al completo: que estaba divorciada, que tenía dos hijos, uno de los cuales vivía en Londres, que su marido estaba enfermo de nosequé y no le podía pasar pensión, por lo que se veía obligada a sobrevivir del dinero que sus hijos le daban; aproximadamente trescientos euros al mes entrambos. Vivía sola y se aburría soberanamente –esto lo deduje yo por mí misma gracias a mis grandes dotes detectivescas- por lo que aprovechaba la más mínima ocasión para pegar la hebra con cualquier incauto que se dejara. En este caso, servidora.

Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis días… y de Cristina, nada. Pero me llamó Carmen, de la asociación, para azuzarme a que fuera a por el gato; según me dijo no se sentía tranquila de las condiciones en las que estaba: encerrado en el baño a refugio de los otros gatos de Cristina, que no parecían bienvenir al intruso -y se lo demostraban bufándole cada vez que le veían asomar el hocico. Me dio instrucciones de llamar a Cristina para recoger al gatillo cuanto antes, y yo que soy de naturaleza sumisa así lo hice, aunque sabía que eso suponía de diez a quince minutos al teléfono como poco - como de hecho sucedió.

Al día siguiente, cuando iba en el 32 camino de Moratalaz para recoger al bichejo recibí una llamada de Cristina en el móvil.

- Hola Cristina, ya voy para allá.
- Sí, mira… es que tengo que pedirte un favor…
- Dime
- Pues… -sollozos al otro lado del teléfono.
- ¿Qué te pasa mujer?
- Mira, me da mucha vergüenza –más sollozos- pero… mira, es que ayer me robaron el bolso donde tenía el poco dinero que me quedaba para el mes, y… ¿Tú no me podrías prestar veinte euros y te los devuelvo el lunes? Es que… (explicación moderadamente convincente de por qué yo era la única persona a quien podía recurrir)
- Claro que te los puedo dejar Cristina, no te preocupes…
- Pero es que no me conoces de nada, y yo te pido dinero y de verdad que me da muchísima vergüenza…
- Yo me alegro de que me lo pidas si lo necesitas. Si estoy dispuesta a echar una mano con un gatito, qué no voy a hacer por una persona, Cristina, no te preocupes, de verdad…

Lo del bolso… no me lo creí. Lo de que necesitaba la pasta y le daba vergüenza pedírmela sí, pobre mujer.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Un gatito en acogida

Estaba echando un vistazo a la página Nolotiro, cuando di con un anuncio que decía: “Protectora necesita casas de acogida para recoger gatitos hasta encontrarles un hogar definitivo. Si quieres pasar por la experiencia de tener un gatito en casa pero no quieres que sea para siempre, sé casa de acogida por un tiempo ¡colabora y salvarás sus vidas!” Y pensé que nunca me iba a costar menos echar una mano donde se necesitaba, porque me vi libre de perseguir a Flecha por toda la casa para que se entretenga, esperando a que salga de debajo de la cama para perseguirla un poco más…y en mi fantasía vi al gatito ahí haciendo el trabajo sucio por mí, encantado de la vida... No le veía más que ventajas a eso de acoger un minino, la verdad. Así que sin dudarlo más mandé un mail.

Un par de días antes de irme a Conil me llamaron de la asociación; tenían un gatito siamés que una mujer había recogido de la calle, que necesitaba un hogar de acogida. Les expliqué que me iba de vacaciones, pero que a la vuelta estaría encantada. “¿Y no te importaría llamar tú a la mujer y decírselo? Para que sepa que no le estoy dando largas, y que se quede tranquila de que es sólo una semana” “Claro claro, no hay problema.” Al darme el teléfono me di cuenta de que la gatófila en cuestión era del barrio donde me crié y donde aún viven mis padres. Pensé utilizarlo en mi beneficio, para neutralizar desconfianzas.

-Hola, ¿puedo hablar con Cristina?
-Sí, soy yo.
-Mira soy Laura, te llamo por lo del gatito.
-Ah, sí, Laura. Hola.
-¿Vives en Moratalaz, ¿verdad?
-Sí, sí…
-Lo digo por el número. Es que mis padres también viven en Moratalaz –y yo me crié allí, en la calle xxxxx
-¡En esa calle vivo yo! En el número 17
-¡Mis padres en el número 3!

Y a partir de ahí, por uno de esos misterios de la psique humana, la mujer se quedó tranquila de que yo era “de fiar”. Y como demostración me tuvo quince minutos al teléfono contándome la historia del gatito adornada con todo lujo de ramificaciones y detalles innecesarios que obviaré, y que a grandes rasgos, era la siguiente: Una de las hembras de una colonia de gatos callejeros a la que ella iba a dar de comer habitualmente había dado a luz a dos gatitos siameses. Uno desapareció a los pocos días, y para él imaginaba ella todo tipo de posibles finales funestos. El otro… cuando fue a darles de comer un día, la gata se metió para dentro del solar, apareció con él en la boca, lo dejó delante de ella y se piró por donde había venido. En plan “Cuídamelo como si fuera tu hijo… tú le podrás dar una mejor vida… ¡snif!… ¡me voy, no sea que me arrepienta!” O algo así.

Aunque lo cierto es que al día siguiente –según me contó Cristina- la gata estaba tan pichi, comiendo como si allí no hubiera pasado nada. O sea, que se debió de quedar bien a gusto la jodía.

Continuará.

martes, 21 de septiembre de 2010

Rescatadas 19

Yo: ¿Por qué no te gustan los guisantes? ¿por el sabor?
El Chato: No, porque son redondos y pequeñitos. Lo mismo que las aceitunas, o las uvas… pero vamos, que eso lo saben mis colegas, lo mío con las cosas verdes redondas. (¡?)

No voy a ir de “Aaay, soy un aaalma que se alimenta del aaaire...” ¡Mentira! ¡¡Necesito hidratos!! –Cari

Yo: Reconoce que en el viaje tú hablabas el 90% del tiempo.
Paul: Sí, es verdad... ¡Pero cuando hablabas tú, hablabas mucho!

Yo: A ver, escucha; esto es sólo teorizar, así que no te pongas a la defensiva...
Ray: ¡¡¡NOOO!!! ¡No quiero teorizar!! ¡No me laves el cerebro! ¡No quiero salir a la calleee...!

¿Por qué me ponen las punkies, si les da igual todo?... ¡les dan igual los gérmenes…! –Ray

En una sociedad competitiva gana uno y los demás perdemos. –Manolo, que tiene asumido qué lado le toca.

Pacopepe: Saca la libreta porque esa frase tuya la tienes que apuntar: “No me he puesto sujetador pero mira; me he puesto un imperdible” Laura; te la cedo.
(A ver si a alguien se le ocurre la explicación de mi frase)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Limpieza selectiva

Tantas, tantas cosas que contar; tantos posts que se han ido quedando en el teclado y que iré sacando poco a poco. ¿Y cómo empezar? ¿cronológicamente? ¿unas fotitos del viajecito a Conil? Eso ya sería demasiada foto playera seguida (aunque me ha salido alguna muy chula) ¿Debería hablar del nuevo "amiguito" de Flecha? ¿del nuevo vecino? ¿de La Tabacalera? ¿Una de Rescatadas?

Bueno, todo irá saliendo. De momento creo que voy a empezar por el final; algo muy curioso que noté ayer en la calle Ribera de Curtidores, al lado de mi casa.

Hace ya más de un mes levantaron un muro alrededor de un solar que hay en el cruce de Ribera de Curtidores y Mira el sol. Pasé por allí cuando los señores obreros estaban recogiendo todo el tinglado una vez terminado el asunto, y no pude evitar preguntarme cuánto tiempo duraría aquel muro virgen y qué tipo de pintadas acabarían decorándolo. Tenía la esperanza de que algunos de los "artistas urbanos" -que no grafiteros- que actúan por el barrio dejaran alguna cosilla suya plasmada, porque en esa calle suele haber cosas interesantes; Rallito-x, E-mil, el omnipresente pato -u ornitorrinco- de Tal Te Vigila y algunos otros que poco a poco voy reconociendo.


Desafortunadamente el muro no tardó en ser "maculado" con algunas firmas cutres y nada artísticas, y recientemente, el día 16 de Septiembre (no lo digo de memoria; lo veo en las fotos) apareció una pintada deseándonos a la clase obrera una feliz huelga general. Aunque nada tenía de especial le hice una foto como parte de mi proyecto del "antes-después" del muro de marras.

El caso es que ayer, paseando con Pacopepe y Frankie por El Rastro observé algo que me llamó mucho la atención: la pintada de la huelga había desaparecido... ¡pero las firmas cutres seguían allí! ¿Limpieza selectiva por parte del ayuntamiento? Curioso... Está claro que algunas pintadas molestan más que otras.