domingo, 30 de noviembre de 2008
Imágenes del barrio
viernes, 28 de noviembre de 2008
El telendengue
Hace unos días estaba hablando por teléfono con él, y de vez en cuando le oía que se le escapaba un “Huy…”, o un “Ah…” ahí entre medias de la conversación sin que viniera a cuento. Y le digo:
-Tío, ¿qué haces?
-Nada, es que me he comprado un electroestimulador para lo del cuello… veintisiete euros en el Lidl, que lo había estado mirando en Internet y no bajaban de ciento veinte o así, de verdad de verdad. Y lo tengo puesto ahora, y es que cuando te cambia de repente el calambrito, o de repente para, como que te asusta.
-¿Y cómo es; tipo el del anuncio para ponerte cachas que son como unos electrodos que se pegan y se mueven los músculos solos?
-Sí, de hecho tiene tres tipos de programas: de entrenamiento, de alivio de dolor -que es el que uso yo- y de relajación y masaje.
-Hala, cómo mola, ¿no?
-Pues la verdad es que sí, está guay…
Ni se me pasó por la cabeza dejar pasar la ocasión cuando ayer, estando en su casa, me propuso probar “el telendengue” y experimentar los “huyy…”, y los “ah” en primera persona; imposible reprimirlos, tan desprevenida te pillaban las sacudidas repentinas de hombros. Y un gusto.
Después de unos minutillos experimentando y disfrutando de aquello a Quique se le ocurrió la feliz idea: “Oye, esto tiene dos canales, así que me puedo poner yo otros electrodos y lo disfrutamos juntos” Y así estuvimos de cinco minutos en cinco minutos, con huys y ahs sincronizados, cambiando del programita de “amasamiento y pellizcos” al “masaje con el canto de las manos” al… hasta llegar a los cuarenta minutos de telendengue, cuando lo recomendado por sesión es de unos quince. Y no es que tuviéramos una conversación que interrumpíamos de vez en cuando para hacer algún comentario sobre el masajito, no; la actividad con la que nos estábamos entreteniendo era exclusivamente esa, y ese el único tema sobre el que hablábamos.
Confieso que me costó dejarlo para ver la peli que teníamos programada, y hasta le pedí una “última dosis” de cinco minutitos con la excusa de que el final había sido muy abrupto y necesitaba “hacerme a la idea”.
Esta semana que viene se va a Lanzarote y me ha dicho que me lo va a dejar hasta que vuelva… lo que me extraña es que no se lo lleve.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
32
Contar por qué me quedé fijada con este número sería una historia muy larga que os voy a ahorrar, el caso es que desde entonces lo veo por todas partes; es “mi número”.
Por supuesto con una paja como esta, siempre he querido saber si tenía algún significado cósmico o algo, y para averiguarlo he metido en Google miles de combinaciones -“número 32”, obsesión 32, 32 numerología etc. – sin ningún resultado iluminador, o sea, que estoy sola en esto… ¿o no?
Hace ya tiempo la obsesión se amplió al número 23 - por alguna razón
JURO que es verdad.
Maldita sea, ¿¡así cómo me voy a quitar de esto!?
jueves, 13 de noviembre de 2008
El primer globo de Flecha
A Flecha le encantan las cosas de goma; pelotitas, posavasos, guantes de fregar, chanclas... cuando no puedo encontrar algo por casa pienso "¿Es de goma?" Si la respuesta es afirmativa miro debajo del sofá y ahí está siempre, en mejor o peor estado.
Hace unos días dí con unos globos en un cajón que llevaban ahí añísimos. "¿Qué hago con esto? ¿los tiro?" Y entonces se me ocurrió; "Esto puede ser divertido". Hinché uno, cogí la cámara y aquí tenéis el resultado.
Una vez más, me disculpo por la calidad de las imágenes -era de noche y tenía la luz bajita-, pero como "primer globo" no hay más que uno, no valía repetir.
En fin, espero que lo disfrutéis.
Flecha mola.
martes, 11 de noviembre de 2008
Pastelitos islámicos
-Pues me viene guay –continuó diciendo- porque ahora voy a una tienda que está por ahí abajo y me queda más lejos, claro. Además el tío está un poco brasas últimamente. La última vez que fui me dio doce panfletillos sobre el Islam. Doce. Uno sobre el Islam y la mujer, sobre el Islam y la alimentación… Me los leí todos. Pero vamos, que ya está bien, que yo preferiría que la interacción fuera más bien tipo “Hola, buenos días” “Buenos días, que tal” “Pues muy bien. Quería unos pastelitos, por favor” Y ya está; lo normal. Pero es que se me enrolla a contarme sobre el Islam... Este fue el que me decía que no debería haber mujeres en puestos como Juez o algún puesto así de responsabilidad, porque como la mujer es débil por naturaleza y se le dicen dos zalamerías y ya está dispuesta a hacer lo que sea, pues le contaría todo a su marido … Yo pensé "Sí, como Mata Hari" pero dije “Vale, y dos de estos también…”
Así que entenderás que me alegre de que tengan pastelitos aquí. Por cierto, que ahora cuando te vayas bajo contigo y pillo unos cuantos. Intentaré no ser muy majo.
-¿Por?
-Pues para no joderla como con el otro.
Y mientras le escuchaba, pensaba en lo fácil que es contar historias de un barrio. Simplemente transcribiendo una conversación, ya está.
jueves, 6 de noviembre de 2008
La yaya
Y espero, bueno, estoy segura de que nosotros sus nietos, también en la forma no sobre-efusiva de la familia, le mostrábamos cuánto la queríamos.
Yo no sólo la quería mucho, sino que sentía, y siento, muchísimo respeto y admiración por la persona que fue. Por su carácter, por su fortaleza. Sus hijos lo saben muy bien. Yo, como nieta, recuerdo cosas como que cuando su patita empezó a darle guerra, le costó muchísimo resignarse a usar bastón. Por eso, para disimular, salía por el barrio con el carrito de la compra vacío, para apoyarse en él.
Pero ni el bastón, ni la silla de ruedas le hicieron perder su fortaleza ante mis ojos, y los ojos de los demás. Ella no lo permitió.
Cuando compré mi casa, ella se lamentaba de que no podría
verla, porque estaba en un tercer piso sin ascensor. Yo siempre le decía que por qué no, hasta que un día nos cogimos un bus la yaya, mi madre y yo -la yaya en la silla de ruedas- para que como poco viera la casa desde fuera, con la idea de que si se animaba, poquito a poquito podría intentar subir. Y una vez allí no hubo que insistir; cogimos una silla que íbamos poniendo en cada descansillo para que parase un poco después de cada tramo, y la yaya vio mi casa. ¡Así era la yaya!Pocos meses antes de que muriera estábamos hablando ella y yo en su casa, y me dijo “A mí lo que me gustaría sería poder coger la puerta y salir a la calle sola” Recordar esto me da mucha pena, pero también me hace sentir muchísimo orgullo.
martes, 4 de noviembre de 2008
Rescatadas del olvido 3
¿Cómo que “be water” si luego te ganas la vida dando hostias? –Esa apúntala que me ha gustado. –PaulSi fuera creativa haría muchas cosas –Moe
I want a girl with derech a rouch. (Quiero una chica con derecho a roce) -Juan, un alumno de unos 17 años
Laura- Somos piltrafillas semi-intelectuales
Cari- Ah, no, no. ¡Eso no te lo consiento!
Mira, esa roca de ahí parece un otorrino… -Pablo (quería decir un ornitorrinco)
Pues… ¡importantísimo, todo lo mío! –Mi padre cuando ya no se le ocurría qué más decir para acaparar la atención
Tenemos que escribir en el blog por qué el peanut butter es Zen. Eso, apúntalo, que así a lo mejor hasta lo hago. –Heather.
Sí, te lo perdonaré cuando te la devuelva –Yo
¡Eres un gitano de chabola! –Oído por Quique a unos “gitanos-pijos” del barrio.
Laura -De esas tías ¿a cuál te tirarías?
Pacopepe -A mi madre, que p’al caso…
domingo, 2 de noviembre de 2008
¡Cotidianas ha cumplido un año!

martes, 28 de octubre de 2008
Homenaje
martes, 21 de octubre de 2008
El regateo
te sirve de nada amagar con irte para conseguir el precio que quieres pagar, porque ellos detectan que sigues interesada; te dejan que te vayas y sigas con tu farsa, sabiendo que si no vuelves un poco más tarde, volverás al día siguiente. Y efectivamente, al día siguiente vuelves y pagas lo que te habían pedido.Pero cuando de verdad no estás interesada porque el precio que te piden es demasiado alto y/o el objeto no es tan deseado, y te largas convencida y resuelta a quedarte sin ello, al salir por la puerta oyes a tus espaldas “Oye, amiga, ¿Cuánto pagas? ¡70 dirhams!” “No, no, es que no me interesa, de verdad, gracias…” “¡60 dirhams amiga! ¡50!...”
Algo muy parecido pasa a menudo en las relaciones entre hombres y mujeres.
sábado, 18 de octubre de 2008
Que me lo expliquen
De momento me voy mentalizando para encontrarme los turrones en el Mercadona la próxima vez que vaya a hacer la compra.
jueves, 16 de octubre de 2008
Apura la pasta
El caso es que Heather ya se ha ido, y aunque sigo con la inercia de no poner la tele, algo más sí que la veo. Y después de cinco minutos de telediario es imposible ignorarlo; estamos en crisis.
El otro día entrevistaban a un tipo por la calle que decía que con eso de la crisis se veía obligado a tomar medidas de “emergencia”, como aprovechar hasta la última gota del champú echando un poquito de agua al bote al final,
apurar la pasta de dientes hasta la última dosis… Yo de verdad que no lo entiendo; ¿Y antes de la crisis qué? ¿tirabas el “culín” del champú o del dentífrico cuando comprabas el nuevo? No sé, será porque siempre he sido cutre –y a mucha honra- pero yo hago esas cosas siempre, no sólo en crisis:-Echo una gotita de agua en el rimel y el eye liner cuando veo que empiezan a espesar.
-Parto en dos las toallitas desmaquillantes; con la mitad me sobra y… ¡voilá! ¡Me duran el doble!
-Corto el bote de crema hidratante cuando está en las últimas para poder “rebañarlo” bien.
-No tiro de la cadena cada vez que hago pis.
-Entre las amigas hacemos “mercadillos de ropa de segunda mano”, y así adquirimos ropa “nueva” gratis y nos deshacemos de la que ya no nos ponemos.
-Uso el agua de lavar las verduras para regar. -Bueno, la verdad es que con el agua tengo miles de medidas anti-derroche.
-En invierno ando por casa con jersey gordo y pongo la calefacción solo cuando hace menos de dieciseis, diecisiete grados.
Y un muy largo etcétera.
El problema es que estas acciones sean para algunos medidas “anti-crisis”; que el ahorro nos parezca cutre, y un síntoma de abundancia –o peor; de "normalidad"- el despilfarro. A ver si la crisis sirve al menos para que la gente se aprenda que no necesitamos consumir tanto; seguro que el planeta nos lo agradece.
sábado, 11 de octubre de 2008
Por qué me llaman Mónica
Un día reflexionando sobre esto me di cuenta de es algo parecido a lo que me pasa a mi; cuando estoy en casa, si todo está en “su sitio” es como si no percibiera ningún estímulo, y estoy tranquila y sosegada, pero si hay algo fuera de lugar, es como si el objeto fuera de lugar saltara a mi vista, diciéndome “¡¡¡estoy aquí, estoy aquí…!!!” Si quiero estar “no estimulada”, relajada, tiene que estar todo en su sitio. Por eso cuando por ejemplo hago alguna redistribución de los muebles del salón tardo un tiempo en estar a gusto, hasta que deja de “saltarme a la vista”. Y por eso soy tan ordenada.
Después de esta explicación uno podría imaginar en mí diversos niveles de “manía”; de hecho según la persona y su propio nivel de tolerancia al desorden me ven como más o menos maniática. Cari, por ejemplo, es de las que más me acusa de ser “Mónica”, pero es que ella, utilizando la expresión creada especialmente para su caso, tiene siempre la casa “hecha un genocidio”. Como ejemplo ilustrativo comentaré que durante varios años tuvo inutilizado uno de los sofás del salón, permanentemente cubierto por una montaña de ropa que tapaba "discretamente" con una sábana. Una alumna particular suya le pidió un día ver lo que había debajo, porque siempre le daba la impresión de que era un cadáver. (¡!)Para continuar mi patética defensa he de decir que procuro no abandonarme a mi manía y tenerla controlada, y cuando viene alguien a casa me gusta que se sientan a gusto, y no ando detrás recogiendo todo lo que van dejando sobre las sillas, mesas etc... y llega un momento en que me consigo olvidar. Casi.
También hago “ejercicios de tolerancia” estando sola, por ejemplo dejando conscientemente cosas sobre la mesita del salón al irme a la cama; la taza, el mando de la tele, el teléfono… aunque me cuesta. Lo cual me recuerda a un episodio de Friends, en el que Mónica se intenta defender de sus amigos que la acusan de maniática. Para ponerla a prueba una noche dejan unos zapatos en el salón de su casa a ver cuánto tiempo puede dejarlos ahí. Ella se va a la cama, y allí reflexiona; “Buah, ¿Qué se piensan? ¿Qué no puedo dejar ahí los zapatos toda la noche? (…) ¡¿Y si los recojo y por la mañana me levanto temprano antes de que nadie venga, los vuelvo a poner en el mismo sitio y nadie se da cuenta?!...”
No sé cuántas personas podrían realmente entender esto. Yo sí.
lunes, 6 de octubre de 2008
Rescatadas del olvido 2
Chavala, lo que yo he vivido… tú ni lo has pensado. Tú ni has empezado. –Pacopepe
Yo quiero ser como, “soy tan la hostia que ni me voy a esforzar en demostrártelo".-Menda
-Es algo entre algo y nada. Como quizás.
-¿De verdad crees que quizás?
-Mhmm… no. -Moe, sobre la existencia de Dios.
Le regalamos a mi madre una bata de gotelé. –Pablo
A ver cuánto me duran en este banco cinco minutos –Oído por Cari y Pizarro a un vagabundo mientras se miraba el reloj.
Yo eso no me lo pierdo por menos de nada. –Mi padre
Me encantan estas niñas marroquíes, con los ojos desgarrados… –Quique
Yo esta noche estoy fuerte; yo quiero acabar, pero bien… y mal .–Heather
Es como… ¡paso palabra!... ¡Y con la K! –Sarita hablando de los tíos.
jueves, 2 de octubre de 2008
Las hermanas Karamazov
Ahí están, pues, Las hermanas Karamazov. El nombre tiene su origen en su previo apodo: “Las espías rusas”, porque desde el principio me parecieron como uno de los personaje siniestros de James Bond, de esos que ocultan una mente cruel bajo una apariencia inofensiva...
Las hermanas Karamazov suelen pasear del brazo, y visten SIEMPRE iguales. Me las imagino por la mañana delante del armario, diciéndose la una a la otra:
- ¿Y qué nos ponemos hoy?… ¿Qué te parece esto?
-Ay, no, es que me eché ayer el café en los vaqueros…
-Bueno, pues ¿qué te parece la falda de volantes con la rebequita encima?
-Ah, vale, que hace mucho que no nos lo ponemos…
¡Con lo fácil que sería comprarse cada una su ropa e ir intercambiándosela! Ni siquiera eso, como tendrán un armario compartido, lo podrían dejar ahí todo e ir tirando... O tal vez cada una tiene su armario, que es una copia idéntica del armario de la otra, con toda la ropa en idéntico orden… huyyy… me dan escalofríos solo de pensarlo…
Seguro que en su infancia escucharon a sus padres comentando entre ellos: “Bah, ya se les pasará eso de vestirse iguales; ya se echarán novio y verás, si es que son cosas de chiquillas…” Y entonces se hicieron una promesa “Nunca, nunca dejaremos de vestirnos iguales.” Y lo juraron sobre… no sé, la Biblia de los Gemelos, o algo…
Y claro, nunca se echaron novio porque ya se tenían la una a la otra. ¿Y por qué no, oye? Con lo que hay por ahí...