Pero hay abrazos magistrales, que conmueven cada célula de tu cuerpo. Abrazos que sólo quienes se están abrazando pueden saber lo que está realmente sucediendo.La primera vez que conocí este tipo de abrazo fue hace pocos años, con un amigo-rollo. Me dejó perpleja, desconcertada, porque no sabía que se pudiera sentir eso al abrazar a alguien. Pensé que él debía de tener algo especial, que tenía algún secreto que le capacitaba para hacer algo así; algo que parecía casi mágico. Después de aquel abrazo escribí en mi cuaderno:
"(...)Sé que si intentara describir cómo fue parecería que estoy exagerando, porque intentar describirlo es describir lo casi inconcebible. Y no exagero; es literal. Porque hay veces que el sexo no es tan intenso como ese abrazo. Muchas veces. Porque fue de una intensidad como de primeros besos de adolescentes, multiplicado por cien. Todo el rato igual de intenso, de principio a fin. De hecho no sé qué nos pudo hacer separarnos."Desde entonces, para mi gran fortuna, he sentido más veces esa sensación de fusión tan íntima, casi sobrenatural -no sólo con parejas, también con amigos o amigas. Son abrazos en los que te entregas completamente; sientes que se te abre el pecho y se funde con el otro, y se crea una especie de bola de energía orgásmica; como un orgasmo del corazón.
Y el abrazo dura, y dura... y cuando llevas un tiempo abrazando así, transportada a otra realidad, piensas que tienes que soltar porque en algún momento tienes que acabar, y aflojas un poco los brazos, pero no puedes dejarlo, y aprietas un rato más, y sientes como la otra persona hace lo mismo.
Cuando acabas, te quedas con una sensación de agotamiento placentero; una plenitud enormemente gozosa.







